jueves, marzo 15, 2007

Series de antaño (7): El fantasma del Louvre

No ví esta serie. Bueno, sí, pero no. Me pasaba toda la proyección con la cara tapada con una manta o las manos si no había ninguna a mano. Pánico me provocaba. Y aunque no la viera, la sufría y pobló durante algunas semanas mis sueños de pesadillas y terror a la oscuridad.
Belphegor, el fantasma del Louvre, es una de las pocas -quizá la única- series francesas que causó furor. Era en blanco y negro, por supuesto. No voy a contarles el argumento, porque hace pocos años se hizo una versión cinematográfica -en color, claro- protagonizada por Sophie Marceau en el mismo papel que interpretó en su día Juliette Greco.
Belphegor, con ropones negros y un rostro oculto siempre bajo una máscara, deambula por el Louvre y París dejando un rastro de muerte. Acecha en los rincones, nunca se sabe dónde va a atacar, se puede ocultar en cualquier sombra. Y yo, que estaba en mi más tierna infancia, pasaba un miedo atroz.
Tanto que muchos años más tarde repusieron la serie -creo recordar que constaba de cuatro episodios- en la Filmoteca Nacional en una sóla sesión. Para mí que perdieron el tercer episodio.
Y ya mayor me pareció una serie que no asustaba nada de nada. Era casi entrañable. Y hasta me sentó mal que no me diera miedo, como si destruyera una de las creencias más asentadas de mi niñez. Vaya, qué decepción.
Luego ví en un canal de televisión la nueva versión, con mucho efecto especial y todo eso que ahora enmascara la ausencia de un buen guión. Y la Marceau no es la Greco, qué demonios.

martes, marzo 13, 2007

Igualdad, funcionariado y jubilación

Se me han puesto los pelos de punta al leer la siguiente noticia: “Reino Unido recorta hasta un 40% el sueldo a sus funcionarios para equipararlo al de las mujeres”.
Aunque no soy funcionaria ni mi nómina va a cargo del erario británico, las cosas como son, un escalofrío me ha recorrido entera. Qué espabilados los gobernantes ingleses, la desigualdad se soluciona por lo bajo y no por lo alto, así que todos jodidos y encima las culpables, las mujeres y sus reivindicaciones quenmalahoraselesocurrió …
Eso es igualdad, todos jodidos. Las mujeres porque no aumentará su salario significativamente y los hombres porque se le ha rebajado. Y encima todos mirarán a las funcionarias con cierta furia asesina.
Tanto sindicalismo, tanto feminismo y tanta leche para esto, que no ha hecho más que empezar. Por ejemplo, toda la vida soñando con la jubilación a los 65, y si es posible un poco antes, y los alemanes ya la han alargado, proceso que seguirá con toda probabilidad en el resto de la UE.
Así que ahora, para que seas menos oneroso al Estado, trabajas más años y como llegas a la jubilación hecho una mierda y achacoso, te mueres a los dos días y se ahorran de nuevo la pensión. Un chollo.
Y para desconcertarme completamente, hoy leo que Administraciones Públicas se plantea introducir el teletrabajo entre los funcionarios … Si ya lo decía mi padre: “Nena, haz unas oposiciones”. Y yo, rebelde como era, no le hice caso.

viernes, marzo 09, 2007

Series de antaño (6): Alf

Pon un Alf en tu vida. Porque con un Alf siempre vivirías peligrosas aventuras, aunque Alf nunca salga de casa. Pero él siempre es capaz de ponerte en apuros. Su sóla presencia es garantía de emociones fuertes y diálogos más que sabrosos.

Alf es la mascota que nadie querría. Es zampón, maleducado y un peligro para la estabilidad familiar. Pero, claro, Alf no es una mascota, es un alienígena con aspecto de peluche feo hecho en una clase de manualidades –cómo se llamaba en mi época- o de expresión artística que dirían los casposos actuales.

Alf es el típico tío feo, pero simpático. Un rato feo, pero entrañable. Simpático, pero capaz de meterte o meterse en los líos más divertidos.

El pobre alienígena vive escondido entre el garage y la cocina de sus sufridos protectores, una familia típica americana de los suburbios con los no menos típicos problemas de las familias americanas típicas: estudios, novios de la hija, problemas laborales, peleas familiares … Y todo ello con las sesudas explicaciones de Alf sobre cómo en su planeta de origen se abordan esos problemas … si es que se producían.

Alf, pobre, se ha quedado sin planeta, desaparecido tras una explosión nuclear. Alf se sabe el único en su especie y su reprodución es imposible a la temprana edad de casi 300 años, casi un adolescente en Melmac.

Pero ese no es la menor de las dificultades a las que se enfrenta: la fuerza militar americana está tras él para exterminarle. Aunque con su ingenio y con la protección de la familia Tanner podrá eludirles.

Alf vive con la vaga esperanza de que algún día pueda volver a los prados de Melmac y comer gatos sin que a mamá Tanner le de un arrebato homicida.

Yo llegué a tener un muñeco de Alf de esos que se pegaban con ventosas a la ventanilla trasera del coche. Mira que era feo el jodido, pero despertaba un puntito de afecto a pesar de su bordería congénita.

martes, marzo 06, 2007

Series de antaño (5): Arriba y abajo


A principios de los 70 –del pasado siglo- la productora británica ITV puso en antena una serie inusual. Ya he hablado de mi predilección por las series británicas que casi sin excepción gozan de unas interpretaciones memorables. Hablo, en esta ocasión, de “Arriba y Abajo”, una serie que durante varias temporadas mostró la vida en una aristocrática mansión londinense. La vida escaleras arriba y escaleras abajo.
Quien conozca Londres sabe que las casas de los barrios señoriales tienen un semisótano, cuyas ventanas quedan a nivel de la calle. Esas ventanas son las que llevan un poco de aire y luz a las dependencias de servicio: cocina, lavandería, despensa … allí dónde el servicio hace la vida, lejos de las plantas nobles de la casa. Esas casas, hoy día, se han reconvertido en hoteles o apartamentos.
Arriba y abajo, ya sólo con el título, mostraba esa separación social insalvable de la sociedad victoriana. La serie se extiende entre principios del siglo XX y los años 30 de la familia Bellamy y su servidumbre, encabezada por un hierático mayordomo, Hudson. Un auténtico ejército de criados: cocinera, doncella, mozo, pinche, ayuda de cámara … Mientras que en los pisos altos pasan su vida entre tazas de té el matrimonio Bellamy y sus dos hijos.
No existen conflictos sociales, cada uno está en su lugar y servir a esa familia es un privilegio, por lo que las exigencias son grandes, exigencias que Hudson se encarga de que se cumplan. No duda en mentir o manipular para que el nombre de la familia no se vea nunca en entredicho, ni siquiera cuando un sirviente comete un error. Este espíritu de protección hacia los amos se extiende a toda la servidumbre que no se plantea en ningún momento el lujoso y vacuo estilo de vida al que sirven.
Los señores se pasan la vida recibiendo, tomando el té, en representaciones teatrales u operísticas y viajando. Tienen la vida asegurada.
Sin embargo a lo largo de los casi 30 años que abarca la serie ocurre de todo, por supuesto. La modernidad llega y la Inglaterra victoriana se va desmoronando. La guerra del 14 destroza familias, tanto en el piso de arriba como en el semisótano. Encontrar buena servidumbre es cada vez más complicado: tanto las mujeres como los hombres prefieren vivir en su propia casa y trabajar en un horario establecido y no a capricho del señor o la señora. Las relaciones de servidumbre se van diluyendo poco a poco.
A lo largo de la serie vemos como ese mundo estable se va desmoronando hasta acabar con el crash del 29 y sus consecuencias.
La serie contó con un reparto de excepcional calidad en el que los papeles de los criados obtuvieron una interpretación sobresaliente, empezando por el envarado Hudson, a quien daba cuerpo Gordon Jackson, un actor especializado en secundarios que siempre ha interpretado de forma más que solvente y un habitual de las series británicas. En cine apareció en “La noche de los generales”, “Rebelión a bordo” o “La gran evasión”.
Pero el alma de la serie es Jane Marsh, que interpretaba el papel Rose, la primera doncella, ya que fue su empeño personal el que impulsó la producción y, de hecho, se le reconoce el mérito de la idea original. Su físico inquietante la ha relegado a papeles de mala en el cine, especialmente de bruja, como en “Willow” o “Regreso a Oz”.
Ahora, tengo entendido, alguna TV local con poco presupuesto ha recuperado la serie. Si pueden pillarla, no se la pierdan.

miércoles, febrero 28, 2007

Lo que leen los lectores de prensa

Se supone que las empresas adaptan los productos a las necesidades y gustos de la clientela. Tratándose de prensa diaria, la tecnología permite actualmente conocer en tiempo real que noticias son las más leídas que, se supone, son las que más interesan al universo de lectores.

Pues éstas son las noticias más leídas de hoy en El País:

La cremallera del vestido de Penélope
Quintero en profundo desacuerdo con la decisión de RTVE y talytal
Amante lesbiana aspirante a heredera de IBM
Windows Vista, víctima del "pásalo"
Boicot, ¿qué boicot) (a las operadoras de móvil)
El voldán Stromboli entra en erupción
Declaración judicial de Trashorras
El colectivo de presos etarras dice que De Juana está fatal
Iñárritu rompe con su guionista

Los lectores de El País, quién lo iba a decir, son propensos al cotilleo y la frivolidad, los sucesos y las tecnologías.

Pero pasemos a ABC:

Pues yo no me río de mi presidente (extraño titular, pero que resulta ser de un comentarista)
Todos con la hija de Rocío y Ortega Cano (no sé si es Rociito u Ortega Cano tuvo una hija con lamásgrande)
Bases no, pues Delphi tampoco (artículo de opinión)
Entrevista con Cannavaro
Fotografías eroticas de concursate de OT en USA

Conclusión: los lectores de ABC leen columnas, deportes y cotilleos.

Lamento no poder ofrecer las noticias más leídas en las webs de El Mundo o La Vanguardia porque no incluyen esa utilidad.

En cualquier caso es bastante revelador que la politica ni siquiera aparezca y, sin embargo, sea esta información la que más espacio ocupa, sea internacional, nacional, autonómica o local. Y no creo que los lectores de El País o ABC sean unos adictos al tomate.

martes, febrero 27, 2007

Series de antaño (4): Los Roper tienen un hombre en casa


“Los Vengadores” es hoy una serie de culto. Pero éxito, lo que se dice éxito, entre las series británicas, lo obtuvo “Un hombre en casa” y posteriormente su hija partenogénica “Los Roper”, que eso ya fue el bombazo.

Claro que yo también la ví con otros ojos, ojos que habían atravesado adolescencia y vislumbraban la etapa universitaria, con otras inquietudes.

“Un hombre en casa” fue una serie producida entre 1973 y 1976 por la cadena británica ITV. La historia era simple: dos chicas inglesas trabajadoras comparten piso con un estudiante de cocina para pagar el alquiler. Un hombre compartiendo piso sin vínculo familiar alguno con dos solteras monas, pero normalitas, una morena y una rubia. Algo casi impensable en aquellos tiempos en este país.

Parte del éxito creo que se debió a la incógnita de si Robin –el protagonista masculino- acababa enrollándose con alguna de las dos alocadas compañeras de piso. Aunque el auténtico valor de Robin para las chicas es que sabe cocinar y, por fin, pueden alimentarse de forma decente todos los días.

Pero el toque genial de la serie no es este trío, sino la pareja propietaria del piso en el que viven y que habita en la primera planta: Los Roper: Mildred y George. Dos personajes sencillamente geniales que poco a poco fueron fagocitando el protagonismo de los vecinos de arriba hasta conseguir una serie propia de enorme éxito.

Mildred es una metementodo que quiere dárselas de dama refinada. George es un vago congénito cuyo ideal es tirarse el día bebiendo cerveza delante del televisor e imaginando qué cosas puede estar haciendo Robin con las dos chicas del piso de arriba. Para mí que Homer Simpson tiene bastante de George Roper, si bien la pareja británica no tenía prole de la que preocuparse.

La serie empieza cuando a los Roper les expropian su casa en un barrio londinense de medio pelo compran otra en un área suburbana de más prestancia. Mildred intenta hacer buenas migas con sus vecinos snobs, mientras que George la deja en ridículo continuamente sin esforzarse. Yootha Joyce era la impagable Mildred, mientras que Brian Murphy daba cuerpo a George.

La serie estuvo en antena hasta 1979. En 1980 se rodó una película con los mismos personajes y ese mismo año, cuando se preparaba la siguiente temporada, la sensacional Yootha Joyce fallecía víctima de sus excesos alcohólicos, quién lo iba a decir de ella, que siempre aparecía con una taza de té en la mano, mientras que Murphy trasegaba cerveza.

jueves, febrero 22, 2007

Series de antaño (3):Los Vengadores

Yo quería ser Emma Peel. Tan sexy, tan elegante, tan letal, tan educada ... Emma Peel era mi ídolo.
Pero primero una aclaración. En realidad esta entrada debería dedicarse a uno de mis más sólidos ídolos de la infancia: Patrick McGoohan y sus dos imprescindibles series: "Cita con la muerte" y "El prisionero". Pero Portnoy hizo una glosa que no tiene mejora, así que mejor se ponen al día en su blog.
Pues eso, series británicas, de excelente factura, con un elegantísmo touch of class, tremendamente pop. Emma Peel era la mitad de Los Vengadores, claro. Su par era Patrick Macnee, inconfundible con su inseparable bombín (de aquí en adelante Mr. John Steed)
Aunque en mi memoria Emma Peel (Diana Rigg) estuvo siempre en la serie, no siempre fue así. En el papel de compañera de Mr. Steed hubieron otras actrices que siguieron el camino de convertirse en chicas Bond.
Rigg borró a todas ellas del recuerdo. Los Vengadores sin Emma Peel no hubiera alcanzado el grado mitomaníaco que consiguió. Emma Peel es una vuelta de tuerca a los hasta entonces tediosos personajes femeninos de las series de acción: no es una mera cara bonita, no es la pérfida enemiga. Es una experta en artes marciales -oh, sus combates embutida en un mono imposible de cuero- excelente tiradora (tanto de esgrima como de arma de fuego), sofisticada y más peligrosa que el bombín de Mr. Steed.
El snob Steed tiene una compañera de su nivel. Las tramas son cada vez más fantásticas, los enemigos a que se enfrentan más pérfidos, el humor impregna cada capítulo y se establece una extraña química entre los protagonistas alejada de la tensión sexual que suele utilizarse en las series donde los protagonistas son de distinto sexo. Desde el primer momento el espectador sabe que nada va a ocurrir entre la bella Peel y el estirado Steed, pero su camaradería, su particularísimo humor, les convierten en la pareja ideal.
La salida de Emma Peel de la serie -cómo no, para ser chica Bond en "Al servicio de Su Majestad" con el olvidado y olvidable George Lazenby en el papel de 007- es el inicio de su decadencia. Tras un par de intentos fallidos con nuevas protagonistas carentes del carisma de Diana Rigg, la serie desaparece. Por cierto, Rigg se casa con 007, pero es asesinada cuando parte con su ya marido de luna de miel.

Un último apunte, la Sra. Peel era una experta en manejar el látigo, adelantándose así a otro mito, Indiana Jones.

lunes, febrero 12, 2007

Series de antaño (2):Viaje al fondo del mar

Esto de las series antiguas tiene su miga. En el siglo pasado, pero bastante pasado, la película más reciente que se podía ver en la tele tenía un mínimo de 10 años. Las pelis, tras un largo periodo en cine de estreno -podía llegar a años, como fue el caso de "El violinista en el tejado"- pasaban al circuíto de reestreno, es decir, a las salas de sesión continua con doble programación. Y luego iban descendiendo de categoría. De hecho, el estreno era en Madrid, en algún cine de la Gran Vía o la calle Fuencarral. Luego se estrenaba en provincias. Para que luego digan del centralismo.

A lo que iba, una peli en la tele de menos de 10 años era una rareza. Por eso se tiraba de series, fundamentalmente norteamericanas y con un doblaje que denominaban neutro. Los tiroteos eran balaseras. No vean ustedes las balaseras que se organizaban en "Los intocables", serie de obligada visión con un Robert Stack en el papel de Eliot Ness -que luego interpretara de forma tan sosa Kevin Costner- cuya primera aparición en el cine data de 1942 en un papel que todo amante del buen cine recordara: el amante de Carole Lombart en "To be or not to be". Sí, ese que sale del patio de butacas cada vez que Jack Benny inicia el inmortal monólogo, para gran mosqueo de éste.

Otra de las series imprescindibles la tarde de los sábados era "El Virginiano", que junto a "Bonanza" nos introdujeron en el western semanal. En la primera mi favorito era Trampas, que de la versión cinematográfica -un auténtico villano- se había transformado en el guaperas divertido del rancho.

Pero había una que no nos perdíamos. También la tarde de los sábados, después del concurso "Cesta y Puntos", era "Viaje al fondo del mar", con el almirante Nelson -se supone que un descendiente del héroe de Trafalgar- y el comandante Crane. El protagonista es un submarino que explora los fondos marinos como si se tratara de un planeta más allá de la galaxia.

¡Celentéreos!. Enormes celentéreos que electrizaban el submarino y yo no sabía qué era aquello, aunque me parecían medusas gigantes. Luego, cuando estudié biología, comprobé que era lo mismo.

Seres abisales peligrosísimos, monstruos anfibios, enormes tiburones ... La emoción era indescriptible. Era como ver cada semana "20.000 leguas de viaje submarino", pero con una decoración de interiores menos victoriana.

En fin, una delicia.

El productor de la serie, Irwin Allen, estaba detrás de otra serie de culto, asimismo de ciencia-ficción: "El túnel del tiempo", una serie que tenía un comienzo inolvidable y, evidentemente, inspirado en "Vértigo" del maestro. Como se puede sospechar fácilmente, se trataba de un artilugio que permitía viajar en el tiempo a los dos héroes de la serie, con el objetivo de desfacer entuertos.

domingo, febrero 04, 2007

¡Ay aquellas series de antaño!

Hace unos días tope en uno de los digitales con una serie que tiene toda la pinta de abominable: una vuelta de tuerca sobre C.S.I. En este caso, criminalistas militares americanos. El acabose. Pero bueno, el comentario no iba por ahí, sino porque uno de los protagonistas de la misma es David MacCallum. Y ustedes se preguntarán quien demonios es ese señor, ya de edad más bien avanzada. Pues nada menos que EL AGENTE DE CIPOL. Bueno, uno de los dos agentes de CIPOL, el otro es Napoleón Solo, digo, Robert Vaughn.

Esa serie, de mediados de los 60 en Estados Unidos y finales en España, es uno de esos recuerdos vívidos de mi infancia. Esperar el día de emisión en la única televisión de España –no sé siquiera si existía la 2 (entonces conocida como UHF)-, por supuesto en blanco y negro y con doblaje portorriqueño o algo así.

Napoleón Solo –la mitad atractiva de la pareja de espías- estaba fielmente escoltado por Illya Kuryakin, es decir, David Mac Callum. La cuestión es que cuando le ví al ya añoso Mac Callum, lejos del jovencito y rubísimo personaje –ustedes perdonarán, pero hasta tenía cromos que coleccionaba de personajes de televisión- exclamé: “¡Illlya Kuryakin!”. Y mi marido me miró y movió la cabeza de un lado a otro. “Que sí, hombre –le dije- el hombre de CIPOL”.

Y claro, acabamos hablando de nuestras series míticas. Una era, obviamente, la citada. Pero surgieron más escarbando en la memoria. Por supuesto “El agente secreto” y su secuela “El prisionero”, protagonizadas por Patrick McGoohan. De la segunda ya se ocupó en su día Portnoy en su blog.

CIPOL era como una fusión de FBI y CIA. Sus objetivos eran amplios: desde el crimen organizado a los temibles y odiosos espías soviéticos. Los dos agentes, Napoleón Solo –que no me negarán que el nombre del personaje no tiene tela- y el rubio Kuryakin tenían un jefe más feo que picio.

Sin llegar a la sofisticación de 007, era una serie de glamour. No en vano el propio Ian Fleming participó en la gestación. Vaughn era la versión televisiva y americana de Bond, un ligón de cuidado, pero frío a la hora de disparar. Incluso creo recordar que posaba en típica pose Bond: el cañón de la pistola rozando la mejilla, mientras que Solo iba atildado con smoking, camisa almidonada y corbata de lazo.

La serie fue un exitazo, hasta el punto que tuvo hasta cuatro secuelas cinematográficas, con los mismos protagonistas.

Era de lo más entretenido y, desde luego, procuraba no perderme ningún episodio, aunque con frecuencia iban adornados con uno o dos rombos. Chocaba que tan secreta y poderosa organización tuviera su entrada por una tintorería, una chusca coincidencia con otra de las series más escacharrantes de la época: Superagente 86, que lo hacía a través de una cabina telefónica.


P.S.: Dado que voy a pasar un par de semanas bastante agobiada de trabajo, les doy un descanso y me disculpo por no visitar los estupendos blogs de los que soy habitual lectora y comentarista.

sábado, enero 27, 2007

Requiem

Ayer por la tarde, como hago todos los viernes que las tareas profesionales y domésticas me lo permiten, me acerque a mi librería de cabecera. Sobre el cierre metálico una cartulina y en ella escrita con rotulador: "La librería La Máscara ha cerrado". Así que tengo un disgusto de no te menees.

Iba con mi lista de la compra, un par de Sciascias que no tengo y "Asfixia" de Palahniuk. Me volví, claro está con las manos vacías y una enorme tristeza.

Era la única librería de verdad que estaba en mi reducido circuíto urbano. Buscar otra me da una inmensa pereza, soy animal de costumbres. Y me niego rotundamente a usar macrotiendas en las que los libros se ofrecen como sacos de patatas. Me niego a comprar a alguien que le da lo mismo vender libros que calcetines. Me quedan pocas opciones, igual me da por la compra por internet.

En fin, que estoy estupefacta, sin saber qué hacer.

domingo, enero 14, 2007

Mitomanía (X): Burt Lancaster

Si hay algo que le haga reconocible es su sonrisa. Amplia y luminosa, le convertía en un foco de atracción en la pantalla. Si hubo un actor capaz de afrontar cualquier papel, Burt Lancaster a su servicio.

Un acróbata que sacó partido de un físico portentoso. Ahí quedan dos de las mejores pelis de aventuras: “El temible burlón” y “El halcón y la flecha”. Pocos actores podían permitirse el embutirse en aquellas mallas imposibles y no quedar ridículos. Burt estaba espectacular. Y esa mítica sonrisa le permitía acometer comedias con enorme solvencia.

Pero su debut fue en puro cine negro, “Forajidos” junto a Ava Gardner, para quien también era su primera película. Una obra arriesgada para mediados de la década de los 40 que marcaría estilo.

Su presencia resultaba imprescindible en películas del Oeste. En “Veracruz” plantaba cara y ganaba la partida a un crepuscular Gary Cooper y aunque era el villano, era un villano encantador, cuya muerte, sonriendo, me arrancó una lagrimilla.

Compartiría protagonismo con Kirk Douglas en uno de los episodios repetidamente llevados al cine, OK Corral, en “Duelo de Titanes” y sería un indio rebelde en “Apache”. El Oeste de la frontera también será escenario de otras películas con su presencia: “Los que no perdonan”, “Los profesionales”, “La batalla de las colinas de whisky”, “Que viene Váldez” o “La venganza de Ulzana”

Su pasado militar le favorecía la prestancia de su figura vestida de uniforme. En “De aquí a la eternidad” interpreta una de las escenas de sexo más recatadas –a los ojos del espectador actual- y al mismo tiempo más tórridas, junto a la gélida Deborah Kerr. Un papel que le valió su primera nominación al Oscar.

En “El hombre de Alcatraz” emociona en su papel de preso amante de los pájaros, en otra interpretación memorable que le volvería a entrar en las quinielas de la Academia.

La madurez no le resta un gramo de atractivo. Con 55 años protagoniza “El nadador”, donde exhibe una poderosa y deslumbrante presencia física.

Al contrario que otras estrellas de Hollywood, Lancaster atendía las llamadas de los directores europeos que le brindaron algunos de los papeles que permanecen en la memoria: El príncipe de Salina, el paradigma del aristócrata que debe afrontar la llegada de nuevos tiempos. Este título abrió una fructífera colaboración con Visconti y otros cineastas italianos, como Bertolucci. Películas que como “Confidencias” o “Novecento” descubrieron a un Lancaster de infinita elegancia y solvencia interpretativa.

La madurez aumenta su atractivo. El saltimbanqui es un actor que llena la pantalla aunque aparezca en una esquina. Nadie puede dudar que una jovencísima Susan Sarandon se enamore de un Lancaster crepuscular en “Atlantic City”, que le lleva a la cuarta nominación. Obtendría la estatuilla como mejor actor por “El fuego y la palabra”.

Sin embargo, una de las películas casi desconocidas que yo siempre tengo en la memoria es “El tren”, la odisea de un maquinista que, ante la inminente caída del Reich, trata de que los tesoros artísticos de París no salgan de Francia. El mismo año, 1961, interpreta a un digno militar alemán juzgado en “Vendedores y vencidos”.

Sus últimos años aceptó papeles en miniseries. Murió en 1994 y nos dejó un magnífico legado … y su sonrisa.

viernes, enero 05, 2007

Si vas ciego ...

Leo hoy en El País que un hombre ha muerto en un accidente de tráfico. Algo a lo que ya estamos habituados. Pero es que la noticia tiene su miga. Un minuto antes de las 6 de la mañana se produce el accidente entre dos vehículos que circulan en el mismo sentido. Uno de ellos es un Ferrari y el otro un Porsche. La afirmación que voy a hacer es gratuita, ya lo sé. Probablemente a esas horas ambos se dirigían a su lugar de trabajo, en uno de los miles de invernaderos de El Ejido, término municipal donde se produjo la tragedia. Pero voy a arriesgarme y aventuraré que volvían de juerga.

¿Un accidente cuando ambos circulan en el mismo sentido? Sólo se me ocurre un alcance -ya se sabe que a esas horas las carreteras de Almería están colapsadas por los miles de camiones que transportan pimientos tratados con plaguicidas prohibidos- o, válgame el cielo, alguna maniobra temeraria.

El conductor del Ferrari, el padre Enzo lo tenga en su gloria, ha fallecido en el accidente. Como cualquiera podría imaginar, debía ser bien un acaudalado empresario del plástico que a su avanzada edad se había permitido el capricho de la máquina del caballito rampante, o sería un futbolista. Pero, coño, si fuera un futbolista ya lo diría la noticia, y no. Y además los dos equipos de fútbol de Almería de los que tengo noticia están en segunda y me temo que los salarios de la categoría de plata no dan para tales dispendios.

Sigo leyendo y descarto la primera posibilidad. El finado tenía 40 años. ¿Qué empleo tenía el payo para tener un Ferrari a esa edad?

Pero las incógnitas aumentan. Los pasajeros del otro vehículo -recuérdese, un Porsche- ¡tenían 27 y 28 años!

De verdad, me gustaría saber la procedencia de los ingresos de ambos conductores, así como los resultados de los análisis toxicológicos de todos los implicados.

Y todo esto me hace recordar un chiste que oí hace años creo que a Eugenio. Un fulano baja un puerto al volante de su Ferrari cuando un Porsche le adelanta. El del Ferrari se pica y ambos se enzarzan en una carrera suicida. El del Ferrari acaba cayendo por una ladera, el coche destrozado y él encima de un árbol hecho un guiñapo.

Cuando despierta en el hospital está excitadísimo. No hace más que que preguntar: "¿Y mi Ferrari? ¿Y mi Ferrari?" Al final le confiesan que el coche es siniestro total, que se alegre, que está vivo y se va a recuperar ... pero, dice el médico, "el traumatismo ha sido brutal y no hemos tenido más remedio que amputarle el brazo izquierdo". A lo que el herido responde gimoteando: "Mi Rólex, mi Rólex!!!"

miércoles, enero 03, 2007

Manolito ya tiene parque donde jugar

Me acabo de enterar –estoy en el mundo porquetienequehaberdetó- de que la Junta de Distrito de Carabanchel ha decidido dar el nombre de Manolito Gafotas a un nuevo parque.

Pues me parece requetebién, que ya era hora de que los personajes literarios tengan sus espacios públicos. Seguro que ese bautizo no molesta a nadie. En primer lugar, porque no es un político ni un militar, que ya se sabe qué pasa con esas cosas. Para continuar porque da nombre a un parque, que es dónde deberían jugar los niños. Además, el parque está en Carabanchel, cómo debe ser, en el barrio del propio homenajeado.

Pero, por lo que leo, que los vecinos de Carabanchel hayan sido agraciados con el parque no ha sido un camino de rosas, ya que la Junta Municipal de Distrito -¡ay! estos chicos del PP tan iletrados- preferían un nombre con más resonancias castrenses o pijas, según se mire: Caballerizas, como si en Carabanchel habitaran ricos hacendados tipo Scarlett O’Hara que dedican sus largas horas de ocio a cabalgar por sus propiedades o pasean en calesas tiradas por dóciles corceles.

La cuestión es que Manolito tiene parque, que es de lo que se trataba. Ahora a ver si cunde el ejemplo y en lugar de dedicar espacios públicos a prebostes sin ningún calado popular, empezamos a dar nombre a las calles con el nombre de aquellos personajes que llenan nuestra vida, sean Manolito o David el gnomo, pongo por caso.

A mi me encantaría una playa que se llamara John Silver o una biblioteca que recordara a Joe March.

Me temo que, donde vivo, solo se les ocurriría algo como Paquito el Chocolatero.

jueves, diciembre 28, 2006

Mitomanía (IX): Tommy Lee Jones

Vaya por delante que no he visto ni la mitad de la filmografía de Tommy Lee Jones. Tendría que ser crítico de cine o una auténtica adicta. Ha participado en cerca de medio centenar de películas que van desde éxitos de taquilla hasta verdaderos bodrios (que también han sido éxitos de taquilla)

Con ese rostro plagado de cráteres y profundos pliegues tiene que estar bien cotizado su trabajo, que además suele ser impecable, o al menos, adecuado. Es difícil hacer una interpretación memorable cuando la película se llama “Volcano”.

Es un hombre de presencia física poderosa, y es que con esa cara tortuosa no hay más remedio. No pasa desapercibido.

Sin embargo, en antiguas fotos suyas, con una imagen más juvenil resultaba atractivo.

La popularidad le llega con su papel de implacable perseguidor de Richard Kimbale (en la piel de Harrison Ford) en “El fugitivo”, que le hace merecedor de un Oscar. Repetirá personaje, ya más anquilosado en una cosa a mayor gloria de Wesley Snipes y sus piruetas. Tiene también otro apreciado premio en sus manos, un “Emmy” por el papel del condenado a muerte Gary Gilmore en la mini serie “La canción del verdugo”. La obra tenía todos los números para triunfar, ya que se basaba en un libro de Norman Mailer que consiguió el Pulitzer. Ya sé que es un hecho conocido, Mailer siguiendo los pasos de Capote. (Gary Gilmore protagonizó un hecho insólito: condenado a muerte, exigió repetidamente ser ajusticiado)

Si “El fugitivo” le hace popular, “Men in Black” le lanza al estrellato, esta vez en compañía de Will Smith, una de las parodias de ciencia ficción más escacharrantes, a pesar de la verborrea y el recital de gestos de la antigua estrella televisiva. Jones está sencillamente sensacional en su papel de agente más allá del bien y del mal, ante todo eficaz.

Comparte cartel con el mismísimo Clint en una peli crepuscular de ancianos astronautas: “Space Cowboys” y va dejando aquí y allá interpretaciones sólidas en decenas de películas.

Mi favorita, sin embargo, es “Las cosas que nunca mueren”, con la estomagante Jessica Lange, como siempre excesiva y que obtuvo un Oscar por su papel de esposa infiel y dipsómana, y también en la película de Oliver Stone “El cielo y la tierra”. Ambas en la piel de un militar, como vuelve a interpretar en el film de William Friedkin “Las reglas del compromiso”, una especie de “Algunos hombres buenos” más descarnada, más crítica y con unas interpretaciones de alto nivel, con un Tommy Lee feo y convincente en comparación con el vacuo Tom Cruise.

Tommy Lee Jones es uno de los pocos actores que puede presumir de haberse graduado en literatura inglesa con calificación cum laudem en Harvard.

Se ha estrenado su primera película como director, “Los tres entierros de Melquíades Estrada”, una historia de frontera que todavía no he tenido la oportunidad de ver.

miércoles, diciembre 27, 2006

De limpieza

Estoy de vacaciones. Es decir, no voy al trabajo por cuenta ajena que mensualmente me ingresa una cantidad razonable. Dado que mi jornada se extiende de 8 de la mañana a 7 de la tarde (con dos horas de descanso que la empresa suele aprovechar para ponernos cursos y esas cosas de formación continua) estos días los aprovecho para hacer esas labores cotidianas que nunca tienes tiempo y menos ganas de hacer en fin de semana.

Así que después de pasar dos días arreglando armarios, desechando ropa y calzado de hace eones –he encontrado dos trajes de principios de los 80- y que evidentemente no me pongo por razones de peso (agg, que rabia, yo me podía meter en esas minúsculas minifaldas de cintura imposible), la he emprendido con la biblioteca.

Tiene tres partes diferenciadas: la de libros de consulta, en la que no puedo ejercer el imperio del trapo del polvo; la de historia, filosofía y política (idem) y la de literatura que es toda mía.

Llevo aproximadamente la mitad. He tirado ya dos repugnantes trapos del polvo, he gastado un bote de politus y, a pesar del frío, tengo las ventanas abiertas para no ahogarme con el polvo que queda en suspensión tras sacudir los libros para despojarles no ya de las motas polvorientas, sino de auténticas bolas borreguiles al más puro estilo cosmocueva de Fer.

La limpieza permite otras dos cosas: ordenar lo que es un caos y seleccionar libros imprescindibles de compras y regalos olvidables.

Cada cual tiene su sistema de clasificación de libros. El mío es tan válido o tan tonto como cualquiera. Suelo ordenar los libros por autores dentro de una clasificación más amplia que es la procedencia. Así los autores ingleses ocupan una buena parte de la estantería. Los cubículos, casi cuadrados perfectos, se reparten a Graham Green, Evelyn Waugh, Tom Sharpe, Ian McEwan, Martin Amis, Dan Rhodes, David Lodge.

A continuación vienen los americanos: Patricia Highsmith, Auster, Don Delillo, Michael Chabon, Palahniuk, John Irving, Kurt Vonneguth, Egolf, Franzen, John Fante y, claro, clásicos como Faulkner, Steinbeck o mi adorado Mark Twain.

También están los franceses (Houllebecq entre los más modernos y Vian entre los imprescindibles) o italianos como Calvino o Sciascia.
A continuación los de aquí y allá: Coetze, Lem, Böll, Ende, Lobo Antunes … Seguidos por los españoles e hispanoamericanos.

La ciencia ficción tiene su propio espacio que comparten desde Asimov a Clark, pasando por Bradbury.

Y luego están los libros especiales: La enciclopedia de las cosas que nunca existieron, El libro de las hadas o El Diccionario de Símbolos, entre otros.

Hay una hermosa colección de libros de aventura, con Dumas y Verne a la cabeza. Me he propuesto poner cada obra donde corresponde.

Pero conservaré unida la colección de Guillermo. La pondré junto a los británicos, pero en su propio espacio.

Me he dado cuenta que me faltan autores, Saroyan o Salinger –de quien solo tengo algunos relatos-, por ejemplo. Así que me propongo cubrir esa carencia.

Y mientras tanto, un par de docenas de libros han sido condenadas a dejar espacio libre. No siento remordimiento alguno.

miércoles, diciembre 20, 2006

Pasar a la historia

“La lista de los reyes godos era más amplia que la que miles de niños españoles aprendieron de memoria en la escuela. Iudila, Sindila, Suniefredo y Ardo, no figuraron nunca en la letanía que recitaron de carrerilla durante generaciones”, asegura hoy El País.

Sea usted rey godo para que al cabo de 1500 años se olviden de uno. No ya que glosen su reinado, siquiera que aparezca en una lista que servía básicamente para ejercitar la capacidad de memorización de los niños.

Iudila, Sindila, Suniefredo y Ardo han caído en el olvido. Fueron caudillos revestidos de dignidad regia. Y aquí tenemos una pandilla de caudillitos zarpa a la greña empeñados en pasar a la historia. Que si hoy invado Irak, que si hoy bombardeo Gaza, que si mañana tiro de las orejas a los iraníes, que si el ayatollah de turno augura el uso de bombas atómicas … Todo por pasar a la historia.

Esfuércese como un cosaco (o un huno) en decir a todo que no, para que engrosar el pozo negro del olvido.

Hay dos posibilidades. Que pasen como lo hizo Calígula o Hitler o sencillamente les pase como a nuestros olvidados monarcas. Que te recuerden tocando la lira mientras se quema Roma, que pases a la historia como el mayor asesino de la historia o que seas un innovador como Hammurabi y promulgues la primera ley escrita … pero ser el primero en algo, hoy día es inaudito.

Para pasar a la historia es preferible descubrir las leyes de la física gravitacional, el mecanismo de la inmunización o inventar el vehículo mecánico con motor a explosión. Hoy incluso los niños de secundaria no es que ya no reciten la lista de los reyes godos, es que les preguntas por un godo y pueden responder que un videojuego o la última droga de diseño.

(Conversión de Recaredo en versión de Muñoz Degrain)

lunes, diciembre 18, 2006

Modernas tradiciones

Entre las nuevas tradiciones navideñas –es decir, que no son tanto tradiciones como costumbres recientemente adquiridas- destaca la comida (o cena) de empresa. Desde hace unos años a los BBC (bodas, banquetes y comuniones) hay que añadir esta variedad de negocio hostelero.

Por si fuera poco verse las caras, oirse y aguantarse durante un tercio o más del día, ahora nos parece de lo más natural irse de supuesta juerga juntos, bien aderezados de bebida.

La semana pasada tuve mi “cena de empresa”, más bien de departamento. Ya sé que la asistencia es voluntaria, pero si el departamento son poco más de una docena de personas, faltar es casi un insulto, a no ser que tengas una razón de peso. Se supone que esa cena es para estrechar lazos y tal y tal y el tío pascual. El alcohol es muy sufrido.

El caso es que salgo de casa y veo un hermoso control de alcoholemia de la Guardia Civil. Todavía achispada podría aguantar la cena, pero sobria va a ser un trago difícil (chiste tontísimo).

Mientras la peña se pone ciega de morapio –el resto vive cerca del restaurante o ha venido en taxi- servidora se dedica a la cerveza sin alcohol (asquerosa) y después al agua mineral.

Caen tres botellas de litro de Solans de Cabras. Cuando empiezo la tercera ellos están con el imprescindible chupito de algo de alta graduación.

Tras la cena, ea, a tomar una copa. Así que me despido en la confianza que la Guardia Civil me pare, me haga soplar y compruebe lo cumplidora que es una. Pues no, pasan de mí olímpicamente.

Al día siguiente tengo una comida de trabajo (detesto las comidas de trabajo) Llego al restaurante y la mitad del comedor está ocupado por … una comida de empresa. El grupo es de unas 40 personas. Al principio la cosa es soportable, pero según veo retirar botellas vacías de vino, el volumen sonoro aumenta hasta límites insoportables. Hablan cada vez más alto y las risotadas etílicas evitan cualquier diálogo. Así que decidimos tomar el café en otro sitio menos bullanguero.

martes, diciembre 12, 2006

Ya están aquí los perfumes

Como los coleccionables tardoagosteños, ya están aquí, en todo su esplendor y glamour, los perfumes. El perfume –en gloria esté Grenouille- es eso que se regala cuando a uno no le apetece pensar o se le ha pasado comprar con tiempo.

Los anuncios perfumeros son una especie de calendario: campaña de navidad-reyes, sanvalentín, díadelamadre …

El perfume es una especie de salvavidas que viene a decir algo así como “¿ves, pesada, que no me olvidé?

De entre los regalos gilipollas pongo en el top al perfume.

El perfume es algo tan personal como unos zapatos, es decir, uno tiene que probárselo. Hay aromas que a unos encantan y a otros repugnan. Por regla general, detesto los perfumes y especialmente los femeninos.

No piso una perfumería sin prescripción médica y si atravieso la sección en el inevitable cortinglés, ahí me ven tapándome la nariz y acelerando el paso, al tiempo que con malos modales rechazo la prueba que una señorita se empeña en pulverizarme. Que hay que ver la perra que tienen con perfumarnos. Yo me lo tomo fatal.

Hace años vivía en una casa antigua, de esas de ascensor de cristal y madera. Yo vivía en el cuarto y en el segundo una señora que usaba Opium como si le fuera la vida en ello. Hasta mi hija, entonces una criatura, decía: "Acaba de subir Conchi".

Mi repugnancia a los perfumes tiene su penitencia, porque ahora, en el trabajo, cierta individua adicta al Poison tiene a bien sentarse a mi lado en las reuniones laborales. Afortunadamente trabaja en otra planta y nuestras coincidencias -además del temido ascensor- son reducidas.

Estos días me estoy actualizando en cuanto a nuevos lanzamientos perfumistas. Ahí veo a una casi irreconocible Hilary Swan haciendo de insolente. ¿A quién se le ocurrió teñirla de rubia? ¿Qué han hecho con million dollar baby?

Las empresas de perfumes se empeñan en que identifiquemos iconos de seducción con sus productos. Así Charlize Theron lo hace para Dior, mientras Nicole Kidman dice ponerse Chanel nº 5. La tremenda Coco ya se revolvió en su tumba –ella, que aborrecía a las rubias- cuando Catherine Denueve fue la imagen del inmortal perfume.

Debe ser esa la razón –que los perfumes se identifican más con las rubias- del tintazo de la Swan. Es que no me lo explico.

Esta pasión por las actrices no se resiste siquiera a contratar a petardas nacionales como Penélope Cruz o Paz Vega, como si los modistas patrios ganaran en cosmopolitismo.

Claro, que intentar identificar a una figura conocida con un perfume tiene sus riesgos. Aunque fuera adicta a las fragancias, jamásjamásjamás me pondría eso de la Jessica Parker. Y si me lo regalasen, el/la obsequiante se llevaría una maldición eterna.

Luego están los marketinianos que tratan de aprovechar el tirón popular de alguien para lanzar “su perfume”. Por ejemplo, el de Carlos Moyá, que yo recuerde en estos momentos. Marca que, por supuesto, tiene una vida tan volátil como el alcohol que sirve de excipiente. A ver, Antonio, confiesa, ¿alguien ha comprado Diavolo? Y no vale que sea nadie de tu familia. Claro que Antonio presta su apuesta figura hispana para vender relojes o patatas fritas. Eso es versatilidad.

Regalar un perfume, además de una falta de tacto y un despilfarro, me parece un reconocimiento de escasez de recursos. Porque lo que ella quiere realmente no es un Chanel nº 5, sino un tailleur auténtico de Chanel.

Es el lujo de quien no puede permitirse más, por eso regalar Agua de Rosas de Adolfo Domínguez, por poner un caso, es el colmo de la cutrez, y no hablemos ya de las colonias de Zara o Mango. Patético.

A todo esto, ¿alguien tiene el teléfono del modelo de la colonia de Lacoste para hombres?

sábado, diciembre 09, 2006

Mitomanías (a petición popular) (VIII): Jeremy Irons

Es alto y delgado como un buen aristócrata inglés que se precie. Y es guapo. A ver quien puede negarlo. Pero sobre todo luce una elegancia innata. Su presencia en cualquier película es un toque de distinción.

Tras su paso por el teatro clásico inglés y alguna teleserie, “Retorno a Brideshead” le lanza al estrellato.

Ya se sabe que es difícil dar el paso de la tele a la gran pantalla, pero él fue capaz de hacerlo y con gran éxito. Y siempre ha vuelto a hacer teleseries de producción meticulosa.

El mismo año de su gran salto a la fama, 1981, consigue un papel en “La mujer del teniente francés” y se convierte en un valor seguro tanto para Hollywood como para las producciones británicas.

Es un actor versátil hasta puntos increíbles, pero siempre dotando a sus personajes de una elegancia sublime. Ha compartido cartel con vacas sagradas de Hollywood. Con Robert de Niro en “La Misión”; en la ya citada “Mujer del teniente …” con la estomagante Meryl Streep o la siempre eficaz Glenn Close en “El misterio von Bullow”, que le valió un oscar por un personaje absolutamente encantador e inquietante. Conseguía hacer hasta simpático a un ¿asesino? eficaz y al que además podíamos justificar.

No rechaza papeles complicados, como el doble de “Inseparables” de Cronenberg, dónde es capaz de dotar de personalidad propia y reconocible a los dos gemelos. Repite con el canadiense en “M. Butterfly”, en un papel de ingenuo imposible en el que cualquier otro hubiera resultado grotesco

Es capaz de meterse en la piel de un terrorista despiadado en las sudorífera y adrenalínica tercera entrega de “La Jungla de Cristal” (despierta infinitamente más simpatías que Bruce Willis), o héroes de capa y espada como en los enésima versión de “Los tres mosqueteros”. Puede ser un encantador, paciente y comprensivo homosexual en “Callas forever”, junto a Fanny Ardand y un marido infiel y cornudo de la deliciosa “Conociendo a Julia”, dónde da la réplica a Annette Bening.

Queda bien en películas de época como en nuestros días. Da igual que esté en gran o pequeña pantalla. Es lo mismo que tenga un papel protagonista o sea un secundario de lujo. Jeremy Irons es un seguro de buena interpretación.

Sus últimas apariciones fueron en una teleserie británica sobre Elizabeth de Inglaterra, donde interpretaba al conde de Leicester y en otras producciones historicistas: “Casanova”, “El reino de los cielos” y “El mercader de Venecia”.

Por supuesto ha cedido su voz para doblar grandes producciones de dibujos animados siendo el malísimo Scar de “El rey león”.

Reconozco que Irons es de los actores guapos, pero en su apostura cuenta más la lánguida distinción de unos genes bien seleccionados que la belleza bruta. Su rostro, además, es fácilmente reconocible. No se trata de un guaperas más que pasa al olvido.

miércoles, diciembre 06, 2006

Un chico normal

Trabajar un festivo es una jodienda. Trabajar dos festivos y un domingo en la misma semana es un martirio. Mientras todo el mundo está disfrutando de los atascos en la carretera, la comida indigesta a unos precios dignos de Ferrán Adrià y encantados de que la semana de 25 grados a mediodía se haya trocado en viento de levante con lluvias intermitentes y temperaturas que no superan los 15º, servidora está a punto de rebasar la línea roja de revoluciones por minuto.

Pero tiene sus ventajas. Por ejemplo, ratificar que no todos los deportistas de motor son gilipollas. He pasado la mañana con el subcampeón mundial de lo que popularmente se conoce como GP2 y técnicamente como World Series by Renault, o sea, la cantera de la Fórmula 1.

Borja García es un chaval de 23 años que además de educadísimo y paciente es capaz de articular una frase coherente. No voy a decir que se exprese sin tópicos, pero al menos no parecen forzados. Cuando a uno le hacen la misma pregunta quinientas veces no se espera que sea original, pero al menos evita constatar el hastío.

Este piloto que, oh, conduce con gafas, es un prodigio de naturalidad. Hace años compartí mesa y mantel con Marc Gené –que ya sé que tiene múltiples detractores- pero al que defenderé a capa y espada por su profesionalidad. Y desde hoy me declaro adalid de Borja.

Como soy acérrima de Michael Schumacher (léase más o menos Mijail Sumajer) desde que hace unos años le vi pasear por el circuito de Cheste acompañado de su perro: un chucho mestizo que, por lo que observé, le adora.

Nunca oí a Chumi quejarse de sus seguidores ni de los medios de comunicación. Nunca le vi echar las culpas de un fracaso al maestro armero. Nunca le vi un mal gesto.

Borja García busca un puesto en la F-1, aunque sea de piloto probador; de piloto cascacoches. Ante el público tiene a favor su afabilidad y su educación de la que, sin duda, es responsable su familia. Sabe que tiene que ganarse la popularidad y el afecto del público y lo hace siendo lo que es: un chico normal.