martes, abril 22, 2008

La explicación

Esta mañana me han quitado la escayola, así que aprovecho la circunstancia de tener dos manos operativas para explicar los últimos acontecimientos.
Como todas las mañanas, el grupo de cinco compañeras que compartimos tareas fuimos a desayunar. Trabajamos en una empresa de fumadores -grupo al que pertencemos algunas de nosotras- y aunque solemos reprimirnos las ganas mañaneras, ese día unos proveedores con los que teníamos una reunión nos tentaron de compartir con ellos el café en la terraza "ad hoc" que la empresa ha tenido a bien instalar en los aledaños de la cafetería.
Allí estábamos con nuestros café y medias tostadas en amigable charla y al término de la colación vino el momento del impagable cigarrillo. Dado que una de las desayunantas está en lo que antaño se llamaba "estado interesante", las dos viciosas echamos hacia atrás las sillas para evitar que el humo la alcanzara.
En esas estábamos, en lo de alejar la silla, cuando la mía perdió contacto con el suelo y ella (la silla) conmigo adherida, se defenestró por el escalón sin protección de 20 centímetros que eleva la terraza del suelo de hormigón.
Una es muy sufrida y lo único que dijo fue aquello tan socorrido de "que caída más tonta", pero a los dos minutos el brazo izquierdo daba señales alarmantes de dolor.
En fin, para no alargar la cosa. Tras visita a urgencias, radiografías y tac (ineccesario para el diagnóstico, pero necesario para la facturación a la mutua) me aseguraron que tenía una pequeña rotura en la articulación del codo. Me enyesaron y me dieron cita para dos días más tarde, no sin despacharme una buena dosis de ibuprofeno.
Y mi ex jefe -que no sé cómo se entera de todo- mándandome mensajes preguntando si era verdad que había intentado suicidarme tirándome de una silla.
Dos días más tarde el traumatólogo de la mutua no tiene claro que sea una rotura, pero que llevar enyesado el brazo no me va a perjudicar. Mira que gracioso, como si tener el brazo en ángulo recto permanentemente fuera el estado ideal del mismo. El yeso no me lo quitó, pero estuvo a punto de mandarme a la consulta del psiquiatra cuando extendió el papel con la baja laboral y dije que no quería baja, que a mí me pagaban por pensar y no me habían diagnosticado traumatismo cerebral.
Evidentemente, escribir no ya con una sóla mano, sino con un par de dedos, me inhabilitaba para concurrir a concursos de mecanografía, no ya por la rapidez (que sí), sobre todo por la cantidad de errores y la mala uva que se me ponía al tener que corregir todo el tiempo.
Así que van a tener razón los de sanidad. Fumar perjudica seriamente la salud.

miércoles, abril 02, 2008

El barrio

Anda todo el mundo alborotado con la crisis inmobiliaria. Es una crisis de actividad, pero es antigua en lo que afecta a una realidad cercana: la crisis urbana; la disolución de las ciudades y la planificación enfocada hacia el máximo beneficio y el lucro inmediato.

En mi poco cualificada opinión, el barrio crea un vínculo de ciudadanía entre sus vecinos. Los barrios, hasta que se impuso el modelo americano de destruir las ciudades, servían de seña de identidad. Uno era de Retiro o de Vallecas; de Gracia o de Ruzafa.

Los barrios forjaban su espíritu en las aceras de las calles y los bancos donde las madres parloteaban mientras daban la merienda a la prole. En los comercios, los talleres y los patios de colegios. Los bajos de las calles estaban ocupados por fruterías, hornos, peluquerías, mercerías o zapaterías. Los niños compraban las chuches en el kiosko que siempre estaba frente al colegio y la madre llevaba al remendón de la esquina los zapatos para ponerles medias suelas.

Llevábamos el coche al taller del barrio para cambiarle el aceite, hasta que las marcas de coches vieron un filón en los servicios post venta. Ahora tienes que llevarlo a un polígono industrial a varios kilómetros del domicilio, donde un señor con una impoluta bata blanca comprueba que tienes cita. Ya sabes que te van a dar un puyazo.

Antes comprabas la verdura de la cena tras recoger a los críos del colegio. Ahora tienes que ir a un hiper casualmente situado en un megacentrocomercial al borde de una autopista, dotado de un aparcamiento capaz de albergar varios miles de vehículos. Y dicen que es para tu comodidad.

Los niños iban a la escuela del barrio. Ahora los niños madrugan como si fueran a vendimiar para coger el autobús que les dejará en el colegio privado o concertado a varios kilómetros de su domicilio.

Si necesitabas media docena de cáncamos o un sartén acudías a la ferretería del barrio que, además, te podía proporcionar un “chispas” si precisabas cambiar los fusibles.

El fontanero con un trozo de estopa y una arandela era capaz de arreglar el grifo que gotea o desatascarte un desagüe. Ahora te ves abocado a seguir los fines de semana los consejos de bricomanía o dedicar días a localizar un fontanero.

El barrio estaba habitado por artesanos y oficios que nos daban una confianza rápida y cercana a la hora de satisfacer las necesidades más elementales. El barrio unía a los vecinos en la necesidad y la solución. Unía por hábito, por conocimiento y reconocimiento.

Los barrios tienden a extinguirse, salvo honrosísimas excepciones. Excepciones que debería ser consideradas como patrimonio de la Humanidad por la Unesco en un mundo donde todo, desde los centros comerciales a los cines; desde las oficinas a los gimnasios se han trasladado a polígonos industriales desangelados. Hasta las discotecas y las putas se han trasladado a los polígonos.

miércoles, marzo 26, 2008

Chorradas varias postvacacionales

Reconozco que estoy vaga o falta de inspiración. Estaba convencida que durante la semana vacacional –aquí, en el Califato, enganchamos una semana enterita de martes a martes por mor de la productividad laboral- me iba a poner al día. Pero no ha sido así. Han sido vacaciones con suegra, con lo que ello supone de desastres farmacológicos imprevistos que incluye una sobredosis de tranquimazin (o como coño se llame) del can, que se pasó un día enterito endrogao y dándose de leches por todos los rincones.

Si a eso se añade que la susodicha exige dos platos de caliente comida y cena –con lo aficionada que soy a darle a la peña una ensalada y que se apañen con el fiambre para la colación nocturna- y que se hizo ama y señora de sofá (las tres plazas) y el mando de la tele que por alguna razón desconocida se quedó encasquillado alternativamente entre Tele 5 y Antena 3, se comprende que avancé sobremanera en mi lectura de la Historia de la Arquitectura Contemporánea desde 1900. Un hermoso tocho de 700 páginas para mayor gloria de Mies, Wright y Charles Édouard Jeanneret.

En fin, basta de lamentaciones por cuestiones baladíes, porque se nos ha muerto Rafael Azcona, lo que significa que este país es un poco más estúpido. Tengo entendido que también, en este periodo que media entre la anterior entrada y ésta, Rodríguez Zapatero ha logrado la confianza de más votantes que Rajoy.

Así que a Rajoy sus supuestos amigos y declarados enemigos (que son los mismos) le están diciendo más que a un perro sarnoso y que Iñaki Gabilondo arenga todas las noches a Zapatero con lo que tiene que hacer, apelando a la autoridad que le da, a Gabilondo, no haberse presentado a las elecciones.

Tiene gracia la cosa que los plumillas se empeñen en adoctrinar a los políticos sobre “lo que tienen que hacer”, como si fueran el oráculo de Cumas o el Papa, que vienen a ser lo mismo por aquello de la infalibilidad.

Mientras tanto, los españolitos han enloquecido esta Semana Santa gracias a un euro 1,56 dólares y se han lanzado como turbas posesas a las tiendas de Time Square y Chinatown a la compra de tecnología, ropa y lo que sea, resucitando aquel famoso “give me two”. De hecho me estoy planteando adquirir una vivienda por allí, aprovechando la hecatombe inmobiliaria que asola el rancho de Bush.

domingo, marzo 02, 2008

De la res electoral

La propaganda electoral ha llegado al buzón. Esta mañana, durante el desayuno, hemos dado un vistazo a la sábana salmón con los candidatos al Senado.

Fué como desayunar hace 30 años: Falange Española y de la Jons (así, con dos cohones); Comunión Tradicionalista Carlista, Democracia Nacional, Alternativa Española, Alianza Nacional y España 2000 (miedo dan). Otros dos que sin llegar a esos extremos de uniforme caqui, camisa azul o boina roja, también asustan: Partido Familia y Vida y Partido Humanista.

Hasta aquí la extrema derecha. Ahora pasemos a las candidaturas nacionalistas y regionalistas, tanto de izquierdas como de derechas (a veces extremas). En este caso son pocos y divididos. Veamos: Per la República Valenciana, Identitat Regne de Valencia, Coalicio Valenciana, Opció Nacionalista Valenciana y Ezquerra Repúblicana del Pais Valencia.

Verdes (y también divididos): Bloc-Iniciativa-Verdes, Els Verds y Los Verdes. Para mayor confusión estas dos últimas candidaturas, además de denominarse casi igual, el logo sólo cambia en que en uno va en negativo y en otro en positivo. Para acabar de embrollar la cosa uno es Els Verds-Grupo Verde (EV-LV) y el otro Los Verdes-Grupo Verde (LV-GV). Como para aclararse.

Luego los partidos tradicionales de izquierda: el POSI (todavía quedan trotskistas, por lo menos uno), el PCPE y Ezquerra Unida.

Los nuevos que se presentan como alternativa de los tradicionales, pero que no llenan ni un taxi: Ciudadanos, Unión Progreso y Democracia y Partido Social Demócrata (sí, aunque parezca mentira).

Y los inclasificables: Por un Mundo más Justo, La República y Partit Antitaurí.

Y además PP y PSOE.

Visto lo visto, creo que los antitaurinos son los que tienen más posibilidades de lograr mi voto.

martes, febrero 26, 2008

Aicher



Otl Aicher ha sido uno de los más grandes diseñadores gráficos del siglo pasado. Aicher fue mucho más que un proyectista. Fue sobre todo un pensador que reflexionaba sobre las cosas y su utilidad. Cuando recibía algún encargo, previamente a acometerlo, realizaba estudios tan profundos que, antes de realizar el proyecto, escribía un libro.

Aicher en sus artículos y libros no dejó nunca de decir con toda claridad lo que pensaba, lo que le ganó no pocos enemigos. Pero sus reflexiones son absolutamente sinceras y honradas, perfectamente argumentadas y como autor de algunas obras de diseño (pero diseño de verdad, no dibujitos) que cambiaron conceptos, se podía permitir el lujo de herir susceptibilidades de egos engrandecidos.

Fundó la más prestigiosa escuela de diseño de la segunda mitad del siglo XX, la escuela de Ulm. La Für Gestaltung de Hochschule se funda como una escuela de diseño industrial puro, sin lastres artísticos heredados. Es más, Aicher renegó siempre de la tendencia de relacionar diseño y arte. El diseño era ingeniería, cómo fabricar objetos útiles optimizando los recursos y la satisfacción del usuarios, en el que la estética, sencillamente, no tenía cabida. Este pensamiento radical, sin embargo, favoreció que los objetos pudieran ser apreciados por su utilidad y no por su aspecto, dando pie a una especie de nueva estética o no-estética.

Trabajó para empresas como Braun –donde formó parte del equipo que se marcó como reto producir objetos honestos y humanos-, Lufthansa, Erco –posiblemente el fabricante de iluminación industrial más prestigioso del mundo que hace del concepto “diseño 0” una seña de identidad- o Balthraup.

Algunas de las obras de Aicher son extraordinariamente célebres, como la tipografía “Rotis” y, sobre todo, el sistema de pictogramas que elaboró para los Juegos Olímpicos de Munich y que abrió las puertas al desarrollo de la señalización (o señalética, como se empeñan en decir) como un concepto global con códigos simples e identificables por todos.

“El mundo como proyecto” es un libro que recopila varios trabajos de Aicher, ensayos en los que muestra su pesimismo ante una sociedad hiperconsumista, en la que nadie ya sabe cómo se hacen las cosas. Una sociedad donde una estética banal trata de ocultar la basura que produce. Una sociedad donde los productos se presentan no por sus atributos formales, sino apelando a lo emocional.

Un libro en el que los grandes gurús de la arquitectura del siglo XX, como el propio Mies van der Rohe o Le Corbusier, son criticados sin piedad, pero que también reconoce aportaciones de profesionales como Norman Foster de quien sin rubor se declara admirador de su obra.

Aicher, en términos generales, no soportaba la tiranía estética de los diseñadores italianos, pero tributa una sentida admiración por el trabajo de Charles Eames, un trabajo basado en el conocimiento profundo de los materiales con los que trabajaba y que lograba ensamblar con grandes dosis de genialidad, construyendo objetos concebidos para el uso humano con total comodidad y de manufactura barata. Otra cosa es que sus diseños estén ahora en manos de exclusivistas que exigen verdaderas fortunas por alguna de sus obras.

De Aicher me ha asombrado su lucidez y su absoluta falta de tacto. Resulta admirable. Otl Aicher se implicaba tanto en lo que proyectaba que, por ejemplo, antes de acometer el encargo de diseñar un sistema de cocinas industriales, estudio tanto las necesidades y soluciones que escribió un libro: “La cocina para cocinar”. No la cocina para que salga en las revistas de decoración o enseñar a las visitas. La cocina como lugar de trabajo, como espacio adecuado para realizar una actividad dura y exigente y que debe facilitar ese trabajo.

El resultado de “La cocina para cocinar” se puede observar ya en muchos restaurantes de campanillas y, aunque Aicher no lo pretendió en absoluto, abrió una nueva estética.

lunes, febrero 18, 2008

sábado, febrero 16, 2008

Todo muda

Vientos de cambio. Más bien galernas. La pandilla más torpe de la galaxia ha perdido su amalgama. Hace un par de meses mi jefe -y sin embargo cómplice- decidió que ya había hecho bastante y se buscó cimas más complicadas que escalar. Y no vean lo complicadas. Pero es feliz, se divierte. Me manda tonterías al correo electrónico y mensajes. Si no contesto reclama mi atención imperiosamente como un niño mimado. Nos vamos de comida de vez en cuando con sus otros cómplices y también compañeros míos.
Le echo de menos, qué demonios. Su brutal sentido del humor, su capacidad de réplica, su manejo de las situaciones eran admirables. Durante el mes que siguió a su marcha escuchaba los rumores de sustitución con cierto temblor. El resto de mis compañeros de departamento me miraba con envidia, conocedores de que si el sustituto no era de mi gusto, podía recoger mis cosas y regresar a mi departamento primigenio.
Pero las altas esferas -que como están altas andan en la inopia- aprovecharon la marcha de mi ya ex-jefe para enmascarar la crisis de otro departamento y de buenas a primeras me ví de jefe a mi otro cómplice, con gran alboroto por mi parte.
Pero las cosas no podían ser perfectas y la llegada ha venido acompañada de una duplicación de responsabilidades, ergo, trabajo.
A ello se añade que, por fin, las oficinas en las que trabajamos van a ser sometidas a una profunda reforma, lo que implica que las 200 personas que allí vivimos 9 horas diarias debemos mudarnos a dependencias provisionales. Y una mudanza es siempre ese acontecimiento al que no me quiero enfrentar.
Durante un año viviremos cual piojo en costura. Pero mi cómplice ha hecho una distribución de espacios que aunque él dice ha mandado la cabeza, creo sinceramente que ha prevalecido el corazón.
La semana que viene procedermos al traslado. Prácticamente todo, a excepción de lo imprescindible, irá a un almacén. Iré ligera de equipaje y espero que el regreso sea igual.
En el próximo viaje veremos si la pandilla más torpe de la galaxia, a pesar de sus renovados socios, sigue haciendo de las suyas.

lunes, febrero 11, 2008

El detective y sus secuelas triperas

El recordado Manuel Vázquez Montalbán creo un personaje único: Carvalho. Un detective privado que era el Sam Spade del Raval, pero con conocimientos y una cultura más que suficiente para tratar con desprecio a la burguesía barcelonesa.

Pero una de las características más sobresalientes de Pepe Carvalho era su gusto gastronómico. Su habilidad para preparar cualquier plato y su capacidad para enseñar a Bis cúter cómo guisar cualquier plato con ingredientes de bajo precio en una cocina de gas de un sólo fuego.

A menudo en sus novelas, Vázquez Montalbán se entretenía unas cuantas páginas en describir minuciosamente las tareas culinarias de Carvalho: desde cómo limpiaba una alcachofa hasta cuantas gotas de limón dejaba caer sobre ella. Vamos, que entre crimen e interrogatorio, siempre se aprendía alguna receta clásica o no tan clásica. Por no hablar de sus recomendaciones enológicas, también muy celebradas.

Ese carácter de Carvalho tuvo su eco. De hecho ahora nos vemos agobiados por detectives-gastrónomos y si el héroe (o antihéroe) de Vázquez Montalbán usaba la cocina para dar un respiro a las indagaciones, sus émulos se dedican ahora a trufar las páginas de la novela con las más diversas pitanzas, dejando casi en un segundo plano –o sin casi- la trama policíaca.

Así tenemos a Montalbano –ni qué decir tiene que el nombre del comisario siciliano de los carabinieri está directamente inspirado en el novelista español- al que su autor, Andrea Camilleri, le hace estar zampando casi de forma compulsiva durante todas sus obras. Montalbano conoce todos los chigres, garitos y tabernas sicilianas donde la cocina tradicional, realizada con lo que da la tierra y el mar a diario, es de nota. Montalbano es capaz de realizar cualquier trámite policial al que puede enviar a un subordinado con tal de asomarse a tal o cual osteria.

Cuenta, además, con una asistenta que le mima y le deja en la nevera la cena preparada. Eso sí, el singular comisario es incapaz de cocer un huevo, no digo ya freirlo.

Otro policía con ínfulas gastrónomas es Brunelli, el personaje habitual de Donna León. Este realiza sus labores en Venecia y como Montalbano es incapaz de cocinar, pero tiene una agenda bien surtida de chiringuitos donde tomar un bocado. Como en el caso anterior, a Brunelli le mueve más su afán tripero que policial y no duda en utilizar una lancha y pasarse el día en cualquier isla alejada de la capital con tal de probar unas buenas almejas.

Es curioso que los policías gastrónomos hayan prosperado en Italia, país ciertamente rico en la cosa de la manduca. Lo que tiene de bueno esta epidemia es que conocemos la riqueza culinaria de la península de la bota –norte y sur- pero al carecer los protagonistas de habilidad con las cazuelas, se nos niegan los conocimientos para manejar ingredientes y pucheros.

lunes, enero 28, 2008

A mí me cae bien


Escapa a mi comprensión la manía que despierta Novak Djokovic en los comentaristas españoles. Entiendo que es una grave amenaza sobre el vicerreinado de Nadal, ya que sólo les separan ahora unos 800 puntos. Pero de ahí a ensañarse con el muchacho utilizando argumentos cuanto menos discutibles va un mundo.

Novak me cae bien. Creo que es un tipo no sólo normal, sino amable y cordial. Aquí se le intentó crucificar tras los vídeos de las imitaciones –que hace bastante bien- al tiempo que se olvidaba que otros egregios tenistas las han hecho. Por ejemplo, Bjorkman. En aquel caso a nadie le pareció mal. En éste, como uno de los imitados es Nadal, todos lo critican. Y los imitados no han abierto el pico. Es más, Sharapova acudió al palco de los Djokovic y animó como una fan más al serbio en la final del Open USA.

Novak, cuando gana un punto importante, se golpea el pecho y pone cara de enajenado. Como si Nadal no hiciera lo mismo en su estilo, con puñetazo, en este caso, al aire. Pero a Nadal se le justifica y se le jalea, mientras que a Djokovic se le critica.

El serbio es uno de los pocos que aplaude al contrario cuando le gana un punto de mérito. Es también de los que se recriminan cuando fallan un golpe fácil. Se exige a sí mismo y reconoce al contrario cuando le supera. Algo francamente raro en el circuito.

En su intervención tras ganar en Melbourne no tuvo más que palabras de elogio hacia Tsonga. Llego a admitir que si hubiera ganado el francés sería un resultado justo.

Y, total, tiene 20 años.

Me alegra que haya ganado. Es aire fresco, es un tipo natural y hoy por hoy es el único que puede arrebatarle el trono a Federer.

En cuanto a la participación española, encomiable la de Ferrero, Ferrer y Nadal. Desde 1997 no se había llegado tan lejos, cuando Moyá jugó la final contra Sampras. Decepcionante, como suele ser habitual, la de Feliciano López y Verdasco y, últimamente, Robredo.

viernes, enero 25, 2008

Vienen acelerados

Los horarios y el trabajo me impiden seguir el Open de Australia. Encima hoy internet se ha tomado vacaciones en el trabajo y ni siquiera he podido pegar un vistazo a los marcadores hasta mediodía, momento en el que la final inédita se ha confirmado: Djokovic-Tsonga.

Nada que objetar, porque ambos han hecho un torneo modélico. Tsonga laminó a Nadal en semifinales y Novak en sólo tres sets ha retrasado el momento en el que Federer supere a Sampras en número de grandes ganados. Parecía que el suizo tenía a tiro batir la marca de grandes slams que ostenta el americano, pero tendrá que esperar hasta, seguramente, Wimbledon.

Otro serbio, Tipsarevic, tuvo a Federer contra las cuerdas en un épico partido que acabó con un 10-8 en el quinto set.

Los nuevos vienen pegando fuerte cuando los también nuevos todavía luchan por acercarse al mejor jugador de la historia. Nadal lo tiene francamente mal. Es demoledor pensar que has superado el record de puntos de Sampras para ser número 2.

Djokovic, tras el vendaval al que se vió sometido en la final del Open USA ha sabido prepararse para el inicio de la temporada. Tipsarevic parece seguir sus pasos. Un jugador sobrio y demoledor. Y Tsonga, quien el año pasado ya dió lecciones de tenis a algún español en Roland Garros, desbanca a Gasquet como gran esperanza francesa. Ya tienen héroe para la próxima primavera, y esta vez con visos de convertirse en realidad. Al fin y al cabo ya ha batido al tres veces campeón y en sólo tres sets. Si hay cruce entre ambos, no quiero ni pensar como se pondrán los espectadores franceses.

En fin. Mañana sábado, ya domingo en las antípodas, veré la final. Seguro que dejan un partido para el recuerdo. A ver si consigo averiguar como funciona el disco duro del dvd ...

martes, enero 15, 2008

Sigo viva

Incluso mi familia se empeña en que he cumplido un año más.
El trabajo me tiene asediada -pero lo llevo razonablemente bien- aunque no me deja hacer los comentarios que tocan en esta época del año: tenis.
Encima de que los horarios son infames (dichosas antípodas), cuando ayer me dispuse a ver algún partido en diferido las puñeteras de mis hijas chivaban el resultado, con lo que eliminaban cualquier emoción.

viernes, enero 04, 2008

jueves, enero 03, 2008

Próspero Año Nuevo

Se inicia 2008 con prosperidad:
- Prosperan las tarifas de telefóno
- Las de la electricidad
- El gas
- El butano
- Los trenes de cercanías
- Los de larga distancia
- El Euribor (ergo, la cuota de la hipoteca)
- El barril de petróleo
- El euro (ya casi a 1.5 $)
- El paro
- El IPC (la culpa es de la leche, dicen)
... y sólo estamos a 3 de enero.
Si éste no va a ser un año de prosperidad, que venga Trichet y lo vea.
Pues eso: que años más duros hemos vivido los que ya peinamos canas.

jueves, diciembre 27, 2007

De trastos

Cuando nos fuimos a vivir a nuestra casa actual, va para 14 años, tomé una decisión inapelable que, desafortunadamente, no he conseguido mantener a rajatabla. Sí que se conserva, aunque siempre hay algún indultado.

La decisión fue mantener la casa lo más limpia posible de cachirulos y bibelots. Es decir, rechazar amablemente o exiliar al sótano, todo artilugio regalado por cualquier motivo y que no tuviera una utilidad constatable.

Cayeron todos los “lladrós” que indefectiblemente recibíamos cada navidad. Los “lladrós” son aborrecibles, pero las imitaciones son abominables. Desaparecieron multitud de “esculturas” en edición múltiple regalo de entidades financieras. Sólo una se salvó, pero por una razón poco estética: su peso la hace adecuada para sujetar las puertas. También fueron repudiados todos los grabados conmemorativos de aniversarios de lo más variopinto que lanzan las empresas cuando tienen algo que conmemorar. Y, por supuesto, regalos exóticos traídos por familiares de los más remotos rincones: figuritas de papel maché, gallos de porcelana rabiosos; horrorosos fruteros de cristal ...

Si la limpieza en objetos mal llamados decorativos fue sin piedad, no menos la de los armarios de la cocina. De allí han desaparecido –también en su mayoría regalos- yogurteras, sandwicheras, grills eléctricos ... Otros fueron adquiridos como respuesta a presiones puntuales. Era “absolutamente imprescindible” una licuadora para proveer de zumos variados y frescos a los bebés. Nadie advertía que la licuadora es uno de los electrodomésticos más estúpidos, sucios y engorrosos que ha parido la mente humana.

Confieso que hasta compré una termomix a un precio estratosférico porque una pariente se dedicaba al negocio y no dejó de darme por saco con todo tipo de argumentos –hasta chantaje emocional- hasta que la encargué. Otros aparatos cayeron en desuso, como el molinillo de café, aunque todavía lo conservo ... para moler almendras.

Lo que más me ha jorobado siempre es que me regalen un electrodoméstico. Es como un insulto. ¿Se entendería que a un hombre le regalaran un juego de sartenes o un microondas? Pues eso.

No me gusta que me regalen cosas. Más bien, no me gusta lo que me regalan. Los únicos que me gustan son aquellos que elijo, por ejemplo –y en total contradicción con mis principios- la cafetera Nespresso. Estaba detrás de ella desde hace dos o tres años, pero el precio actuaba como disuasorio. El otro día me la autorregalé. Ya sé que seré prisionera de Nestlé en los próximos años, pero seré rehén con síndrome de Estocolmo, porque el café está buenísimo. Y encima el artilugio venía acompañado de una jarrita eléctrica que es capaz de convertir la leche en cremosa espuma. Ahora tomo capuchino cuando me apetece. Un lujo, vamos.

jueves, diciembre 20, 2007

Chorradas varias

Tengo los vellos como escarpias. José Luis Moreno atacado en su propia casa y hospitalizado por la paliza que le dieron los asaltantes. ¡A dónde vamos a llegar!
Nuestro equipo de investigación ha conseguido pruebas escalofriantes del ataque y conoce la identidad de los villanos: Monchito y Rockefeller.

miércoles, diciembre 19, 2007

Las olvidadas

Una de estas noches pretéritas, creo que en la 2, ví una especie de documental dirigido por Rosanna Arquette, la hermana tonta de Patricia, sobre lo discriminadas que están las actrices en Hollywood.

No estoy segura de si fue un acto de onanismo colectivo o una herramienta para subirse a una palestra de la que la defenestró su hermana pequeña (la regordeta).

Todo el documental era del tipo “que megaguays que somos las actrices y que mal nos tratan las productoras”.

Las entrevistas o coloquios siempre iban precedidos de un “me encanta tu trabajo”, “eres una de mis favoritas”. Un lameculeo irritante entre actrices que se ven discriminadas cuando llegan a los 40. Total para ver a Martha Plimpton (¿qué fué de la primera novia de River Foenix?) y a algunas ilustres desconocidas.

Especialmente irritante el asalto a Frances McDormand en un aseo público para espetarle lo de mi favorita y la señora Coen con cara de a ver cómo salgo de ésta.

Cierto es que salían actrices conocidas: Holly Hunter, Sharon Stone, Meg Ryan ... incluso Debra Winger que, más o menos, era la fuente de inspiración del documental, que se titula “Searching for Debra Winger”. Por supuesto salía Patricia Arquette con un aspecto de “estoy haciéndole un favor a mi hermana” o veteranas como Charlotte Rampling, Vanessa Readgrave o Jane Fonda con cara de “no sé qué demonios estoy haciendo aquí ni quien es esta tonta”.

No sé, podría haber preguntado a otras actrices de más de 40 como lo llevan: Glenn Close, Merryl Streep, Susan Sarandon, Jodie Foster, Candice Berger, ... no sé, incluso Lauren Bacall que dobla esa fatídica edad.

Había una entrevistada, para mí una absoluta desconocida, pero eso es demérito mío y no suyo, que aseguraba que no había conseguido un papel porque al productor no le gustaron sus tetas, a pesar de que al resto del personal presente en el casting estaba como loco por su trabajo y que vamos, si por ellos fueran, sería oscar perpetuo.

En fin, después de ver el documental me explico porqué muchas de las participantes, y la directora del mismo, están discriminadas por la industria cinematográfica e incluso la televisiva: porque son infumables.

Aquellas que basaron su éxito en su espectacular presencia física, como Darryl Hannah (por cierto, que compartió película con DW en “Peligrosamente juntos”) se encuentran ahora que la edad no perdona. No porque no esté estupenda, que lo está, sino porque hay mucha más competencia.

La lista de actrices que participas que ya no son cabecera de cartel era larga: Julia Ormond (que nunca será la nueva Audrey Hepburn), Teri Garr (la de las aldabas del jovencito Frankenstein), Diane Lane (que se quedó en promesa), la empachante Julianna Margulies, Samantha Mathis, la señora esa que cuando llegaba Navidad se olvidaba a su hijo en casa, Laura Dern (que sin Lynch ni dinosaurios ya no es lo que era), Melanie Griffith (reducida a acompañante de Antonio Banderas) ...

Una deslenguada Woopi Goldberg, la hermosísima Robin Wrigth-Penn, Salma Hayed o la Paltrow son de las pocas que tienen una carrera para mostrar. Desde luego el éxito de Woopi no será por su belleza sin par.

Y, porque no nos engañemos, el cine actual se dirige a menores de 20 años y los adultos nos vemos confinados a las series de televisión que es donde se mantiene un nivel de calidad bastante más elevado que en la gran pantalla, salvo contadas excepciones.

El documental es de 2002 y desde esa fecha DW parece que ha cambiado de opinión y ya no le aburre la industria del cine. De hecho aparece en la última película de Jonathan Demme, cuyo estreno está previsto para el próximo año.

martes, diciembre 18, 2007

Chorradas varias

Poco a poco mi vida se traduce en claves. Desde que me levanto mi vida la gobiernan los dígitos o combinaciones de letras. El pin del móvil; la contraseña del ordenador; la contraseña del correo electrónico; el password de la intranet; el pin de la tarjeta de débito; la clave para acceder al sap ...

Hay claves fijas que permanecen y password que, por mor de la seguridad informática, nuestros expertos se empeñan en que cambiemos cada tres o cuatro semanas. Claves que no pueden repetirse y que exigen ciertas características. Por ejemplo, para el sap el mínimo son ocho signos, mientras que para la intranet son suficientes seis.

Además los periodos de cambio no son homogéneos. Unas se establecen cada tres semanas, otras cada cuatro, otras cuando le viene bien al administrador del sistema o se acuerda.

Mi disco duro personal, o sea, mi memoria compuesta por neuronas con sus consiguientes sinapsis, empieza a verse desbordado ante tanta clave y tanto requisito. Busco, como cualquier hijo de vecino, reglas mnemotécnicas para recordarlas e incluso establezco un sistema. He adoptado uno geográfico, es decir, pongo nombres de provincias de ocho o más letras. Así tengo suministro para una temporada.

Eso sí, tengo que recordar que para el sap voy una provincia retrasada respecto a la intranet, dado que el intervalo de cambio difiere.

Tuve que establecer estas reglas después de que, tras un periodo vacacional, olvidara todos los password y no me pareció conveniente –aunque muchos compañeros lo hacen- apuntar las claves en un posit pegado a la pantalla.

No es que tengamos los secretos del uranio enriquecido iraní, pero tampoco es cuestión de facilitarle la tarea a los curiosos.

En fin, que a veces me veo eligiendo la próxima clave con verdadera obsesión y aunque mis habilidades matemáticas dejan mucho que desear, llego a asustarme sino me estaré convirtiendo en una especie de John Nash escribiendo en papeles combinaciones de letras y números e intentando encontrar en ellas las pruebas de una conspiración sideral.

jueves, diciembre 13, 2007

Chorradas varias

Es una vieja tradición. Ignoro quien fue el pionero, pero parece ser que fue Michelin. Calendario Michelín en las gasolineras –antes de que fueran franquicias- y talleres. Calendarios de gitanas de Romero de Torres en las casas de comidas (ya no quedan). Hasta que llegó la modernidad y se pusieron a hacer calendarios. Unos como imagen de marca y otros para recaudar fondos con motivos solidarios.

Da fé la película “Las chicas del calendario”. Conozco calendarios con falleras en pelotas para recaudar fondos; de bomberos, de policías municipales y me acabo de enterar que de curas.

Tan mal van las finanzas del Vaticano –esto ya no es lo mismo que en cuando el Ambrosiano- que tienen que buscar a sus curas más monos y ponerles en un calendario. Eso sí, vestidos hasta el alzacuellos.

Si es una operación de marketing creo que se equivocan. Primero hay que identificar al público al que va dirigido. ¿Católicos practicantes? Pues poner a esos curitas tan monos que pueden incitar a la concupiscencia de las púberes (o los púberes) me parece un error de bulto.

Claro, que si ponen a émulos de Don Camilo igual las ventas son escasas.

Fotografiarles desnudos parece que no entra en los planes eclesiásticos, pero, qué demonios, tendría su morbazo. Toda la comunidad gay los compraría, aunque es posible que las víctimas de las manos ligeras del sacerdocio se sientan indignadas.

Además es un calendario machista. No aparecen monjas, con el juego que pueden dar. No sé, se me ocurren hábitos con aperturas indiscretas y esas cosas. Es más, recuerdo ahora la monja que tiene Anilibis en “Flagelamientos” que es poco inocente.