lunes, julio 06, 2009

Federer se queda sin calificativos

¿Emperador? ¿Zar? ¿Amo del Universo? Después de conquistar su sexto Wimbledon y, al mismo tiempo, su grand slam número 15, Roger Federer trasciende la leyenda. Ha superado casi todas las barreras que tenistas pretéritos dotados de un talento sin límites fueron colocando en su camino.

Ayer el suizo, de una sola tacada, consiguió tres cosas: superar a Sampras en número de grandes conquistados; superar a Borg en número de Wimblendon ganados y recuperar el número 1 de la ATP.

Le queda, sin embargo, un reto: alcanzar el verdadero grand slam y el golden grand slam. Es decir, ganar en el mismo año los cuatro grandes, en el primer caso, y en el segundo, ser medalla de oro olímpica. El golden es casi imposible, aunque Steffi Graf está en posesión de uno.

En cuanto al verdadero grand slam, sólo hay un tenista vivo que lo haya obtenido, y por dos veces, Rod Laver, que ayer estaba en el palco de Wimbledon, junto a Sampras y Borg.

Roddick no se lo puso fácil. Hay que aplaudir al americano que ha completado un torneo casi prodigioso y fue un más que digno rival de Federer. De hecho, en el quinto set, dispuso de dos bolas de ruptura que, de haberlas convertido, hubieran obligado a un titular distinto. Pero no fue así. Federer ató los nervios y conservó el servicio para llevar a Roddick a la extenuación. El marcador lo dice todo: 5-7 7-6 7-6 3-6 y ¡16-14!

Tuvo más oportunidades el americano, cuando en la muerte súbita del segundo set dispuso de hasta cuatro pelotas para adjudicarse la manga y con dos sets en contra, el partido hubiera pintado de otra manera. Esos puntos los perdió por demérito suyo. El vértigo ese que dicen que agarrota a los tenistas cuando tienen que cerrar un set o un partido y que provoca fallos tan garrafales como inexplicables.

Fue un partido extraño, como a medio gas. Roddick no colocó tantos puntos directos como acostumbra y Federer daba la impresión de no emplearse a fondo. Pero bueno, casi siempre da esa impresión, excepto cuando juega contra Nadal. Parecía un encuentro sin emoción, todo muy táctico y en el que Roddick demostró que el pupilaje de Stefanki le ha hecho mejorar sensiblemente tanto en la red como en la paciencia en el fondo de la pista.

Andy hizo un grandísimo partido y hubiera sido también justo ganador del mismo. Pero al otro lado de la red estaba un hombre con una ambición insaciable.

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sábado, julio 04, 2009

Los jugadores británicos siguen gafados en Wimbledon

Los grandes torneos de Australia y Reino Unido parecen vetados a los tenistas locales. Desde 1936, año en que ganó Fred Perry, las grandes esperanzas británicas caen antes de llegar a la final. Andy Murray tomó el testigo que dejó Henman tras su retirada. Ha hecho un excelente torneo y la previsión era llegar a la final soñada contra Federer.

Pero en semifinales se le ha cruzado el otro Andy, el americano, que ha resurgido en la hierba londinense. El partido fue de alto nivel y tremendamente igualado. Baste decir que el escocés superó a Roddick en número de saques directos, contabilizó menos errores no forzados y consiguió más puntos ganadores. Y aún así, perdió, con un marcador de 6-4 5-6 7-6 7-6, en parte por dobles faltas en los momentos más inoportunos.

Roddick demostró más serenidad en las dos muertes súbitas disputadas, pero también en remontar hasta cinco puntos de ruptura de los 7 que tuvo en contra.

Al americano le ha venido de perlas su nuevo entrenador, Larry Stefanky. Roddick ha aprendido a aguantar al fondo de la pista, a pelotear, a no acortar innecesariamente los puntos, a no aumentar su porcentaje de errores. Disponía, y dispone, de un servicio demoledor, pero hasta el momento de poco más podía presumir.

En Wimbledon ha demostrado que puede ser paciente y acelerar las bolas con latigazos de derecha impresionantes. Parece más seguro de sí mismo y menos ansioso. Hace tres años que no alcanza una final de grand slam y mañana tendrá la oportunidad de apuntarse un segundo grand slam en su carrera.

Al otro lado de la red estará el rey del All England Tennis Club. Federer alcanza su séptima final consecutiva y, con ella, la posibilidad de llevarse la victoria por sexta vez.

Federer ganó con autoridad a Haas en tres sets: 6-7 5-7 3-6. El alemán no tuvo la menor oportunidad, ya que Federer no concedió ni una sola bola de ruptura a lo largo del partido, mientras que el ya casi número 1 aprovechó las dos ventajas de las que dispuso. Efectividad al 100%.

Roger, sin la presión de defender título y con un cuadro muy limpio, dio un recital de tenis: toda la variedad de golpes, una demostración de elegancia y fluidez en la pista; ligereza y facilidad a la hora de subir a la red. Lo cierto es que verle jugar es una auténtica delicia.

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viernes, julio 03, 2009

Reflexiones hospitalarias (2)

Diez días de hospitalización –y con las facultades mentales, es un suponer, en perfecto estado de revista- dan para reflexionar sobre cualquier mosca que se aventure por la habitación.

Carecer de tele (hay tele de pago, y abonar 6 euros diarios para ver tele5 o similares, evidentemente no) y de internet te deja muchísimas horas para: leer, dormir, leer, dormir … y cuando uno se ha cansado de este bucle, pensar.

Hay que señalar que un hospital público no es un lugar sereno y reposado, ni mucho menos. La jornada empieza sobre las 7 de la mañana, que digo yo qué falta hará despertar a los pacientes a esa hora. Es el momento de repasar el estado de los ingresados, si están vivos, muertos o comatosos, con la excusa de dejar unas pastillas y/o tomar la temperatura a los encamados.

A partir de ahí todo es trajín. A las 9 llega el desayuno. Al menos en mi comunidad lo del menú está muy avanzado: la víspera te dejan una hoja con propuestas de desayuno, comida, merienda y cena para que elijas entre tres opciones de primeros, segundos y postres.

Me empeño en pedir fruta natural de desayuno y ninguna mañana falla: piña en almíbar. Si pido fruta natural para merendar, la interpretación de la cocina es yogur de plátano. Así han conseguido que ningún día desayune o meriende.

Luego viene la operación menear enfermos. Te levantan, te sientan en una silla que parece sacada del atrezzo de “Cuéntame”, te hacen la cama … Si estás capacitado y autorizado, tu mismo te levantas y te aseas.

Los baños merecen atención especial. Estoy en el pabellón de traumatología y rehabilitación, de dónde se deduce que un alto porcentaje de hospitalizados tienen movilidad reducida. Existe una legislación que exige que los edificios públicos tengan unos aseos especialmente concebidos para el uso de inválidos, cojos y otros tullidos. Estas instalaciones exigen determinadas medidas de los aparatos sanitarios, barras de apoyo y otras especificaciones. Pues ni una, oiga.

No hay una jodida barra de apoyo; el wc parece que es de guardería de pequeño y bajo que está. La única ayuda es una argolla sujeta al techo, pero inalcanzable si mides menos de 1’80.

Hace un horror de calor. Al segundo día, suplico una ducha. Una ducha son palabras mayores. En principio, sólo tienen derecho a ducha aquellos que vayan a ser operados al día siguiente. Me pongo muyyyy pesada y finalmente aceptan inscribir mi nombre “en el libro”. Estoy emocionada. Al cabo de 24 horas vienen a buscarme con un extraño aparato/grúa con el que me sumergen en una bañera y me dejan al alcance de la mano una ducha. Lo mejor que me ha pasado en una semana.

Algunas visitas y llamadas aligeran el aburrimiento.

Me toca una enfermera de noche que o está empanada o se empana. Me hace un destrozo con la vía y a la mañana siguiente, la enfermera de día echa pestes. No hay más remedio que coger otra vía y como la mano izquierda la tengo ya un poco machacada, a por la derecha.

También me toca una auxiliar con complejo de gobernanta. Confunde hacer decentemente su trabajo con pegar voces; confunde pegar voces con hacerse la simpática. La retorcería el pescuezo, más que nada para evitar oir sus gritos. Joder, estamos en un hospital.

En realidad nos hemos cogido ojeriza mutuamente. Creo que ha sido porque la he llamado cotorra.

A media mañana se produce la visita del médico, o eso creo yo. Un señor con bata y sin ninguna identificación, acompañada por la enfermera de planta pasa cama por cama sin mirar al paciente a la cara. Cada día cambia el señor y en ocasiones no es el mismo señor que visita a la paciente de la cama de al lado. Me tienen desconcertada.

Durante las cinco horas que estuve ingresada en el servicio de urgencias del Saint Lukas de Nueva York me visitaron tres médicos, todos ellos perfectamente identificados con una tarjeta en la que figuraba su foto, nombre, apellido y categoría.

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lunes, junio 29, 2009

Reflexiones hospi-literarias

Todo ha terminado. No hay posibilidad de ampliaciones. La trilogía Millenium ha concluido y, digo yo, se puede valorar en su conjunto.
Efectivamente es una lectura adictiva, lo que supone una opinión favorable. Especialmente el primer volumen, donde la trama está muy cuidada y los personajes tienen su papel. Es posible que haya algún personaje sobrante, pero es secundario y no supone una carga a la trama final.
Por otro lado, el argumento es sugerente: la mala conciencia histórica de las sociedades democráticas y liberales ante el nazismo. Historias que han sido camufladas con heroicidades de resistencia, como si el 90% de los habitantes de países invadidos hubieran formado parte de esa resistencia. Cómo las grandes fortunas miraron para otro lado, no sólo en Alemania, y como muchas de esas grandes fortunas se gestaron también en connivencia con el Reich.
La investigación resulta larga y minuciosa, pero creíble, aunque las habilidades de Salander parecen tener más un componente mágico que tecnológico. Debe ser que Larsson no estaba muy ducho en alardes informáticos y escamotea su ignorancia con esa niebla de prestidigitador.
El final del primer volumen, un happy end con todas las de la ley, ya sugiere un desbarramiento posterior. Salander, gracias a sus infinitos conocimientos informáticos, financieros, de falsificación de documentos … etc, consigue la nada despreciable cantidad de 2.300 millones de dólares para asegurarse el futuro.
Por otro lado, Mikael Blomkvist recupera su prestigio y buen nombre, lo que contribuye a mejorar su atractivo entre las miles de mujeres de todas las edades que están deseando meterse entre sus sábanas.
Pero la segunda parte ya hace aguas. Vale que el tutor legal de Salander sea una sabandija de la peor especie; vale que su padre sea un gangster; vale que tenga un hermano psicópata y que no siente dolor físico. La genética es jodida, tenemos a una Salander que no mide 1,60 y es flaca como un junco y su hermano de padre es una bestia parda de 1,90x1,90 al que no le mandas a la cama con un yogur.
Aquí la cosa se complica con la intervención del espionaje sueco. Sí, sueco. Al parecer, Suecia tiene sus servicios de espionaje o seguridad (me niego a llamarles de inteligencia) como cualquier hijo de vecino y, como cualquier servicio similar, es un desastre.
Así que tenemos al servicio más secreto del espionaje sueco persiguiendo a Salander para proteger a su padre, el de Salander, un pajarito que se dedica al tráfico en general: drogas, armas, mujeres, blanqueo de dinero. Oiga, lo que necesite.
Y digo yo, ¿qué no sería más normal que ese señor estuviera entre rejas que protegido con la seguridad de un país que nos caía tan bien como Suecia? Pues, al parecer no.
El segundo volumen concluye con una ordalía de sangre y barro que si la pilla Tarantino hace una obra maestra … lo jodido es que ya la hizo y se llama Kill Bill.
Y llegamos al último título. También es adictivo, pero se aprecia no ya un cansancio, un no saber qué hacer con los personajes y llenar 800 páginas. De momento, a la novela le sobran unas 200 páginas que no aportan nada. Están de más media docena de personajes que sólo aparecen para: a) acostarse con Blomkvist; b) ser el tonto que no sabe que le van a dejar en ridículo.
En esta última novela, la trama se centra en cómo salvar a Salander de sus malvadísimos y secretísimos enemigos. Pero no hay problema. Lisbeth saldrá inmune y sus tatuajes perfectamente colocados gracias a la habilidad jurídica de su abogada, que casualmente es la hermana de Blomkvist, y el apoyo de la sección constitucional y decente de los servicios de espionaje suecos.
Y la revista Millenium lanza nada menos que tres best sellers en un solo mes.
Llegados a este punto, creo que Larsson prefirió morir antes que sacar una cuarta entrega. La muerte nos hace misericordiosos, pero estoy segura de que si estuviera vivo, las críticas a estos dos últimos títulos habrían sido feroces.

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Pata Chula

Una vez pasada por quirófano, digamos que esto empieza a tener visos de inminente suicidio o, si se ponen a tiro, homicidio justificado.
¡Me cisco en el que dijo que le anestesia epidural no duele! No duele la operación, pero el pinchazo en toda la columna es una hijoputez considerable.

Una vez conseguida una conexión a internet despues de más de una semana de dique seco, me entero que Saló no consigue sacudir el sopor de los italianos. Que Caminero, ¡Caminero! ... ha sido detenido.

Mi hija me llama un día de estos, he perdido la cuenta, y me informa de la muerte de Michael Jackson. Hombre, no me sorprende.

Miro mi habitación de la seguridad social, en este caso de la agencia valenciana de salud, y creo que necesitan urgentemente un interiorista. Los muebles parecen sacados del derribo de Cuéntame

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martes, junio 23, 2009

Cómo fue el guarrinazo

12:30, jueves en el MOMA. Hemos quedado a comer con un amigo. Bajamos las escaleras hacia la salida de la calle 53. Y una servidora pisa mal y vuela a lo largo de un tramo de escaleras, cayendo con toda su humanidad, que no es poca, en el vestíbulo atestado de gente.

Inmediatamente me rodea el cuerpo de seguridad del MOMA, incluyendo su jefe. Me colocan en una silla de ruedas y me impiden moverme. Llaman a una ambulancia. Llega con toda la parafernalia del FDNY. Me reconocen, me suben a la ambulancia -todo esto diluviando- en una camilla. Me entabillan la pierna izquierda en la ambulancia y nos vamos a St. Luka`s Roosvelt.

Ya he hecho dos series: Turno de guardia y Urgencias. No está George Cloony.Amabilísimos los paramédicos -chico y chica- él con abuelos catalanes, aunque no habla una papa de español.Me atiende una médica, imagino que interna. Encantadora. Me ve su jefe, supongo que un residente. Un chino muy guapo. Me llevan a rayos. El técnico es hispano y bromeamos un poco. Grito un poco cuando me mueve la rodilla para las radiografías.Salimos y al rato viene el cirujano. Indio. También muy amable. Me recomienda operarme -tengo el cielo de la tibia jodido-, pero no es urgente, que si me vuelvo al día siguiente para España, que yo misma decida.

Decidimos volvermos a España, of course.Me inmovilizan la pierna, nos dan las radiografías y el informe médico en inglés y un español traducción google, así como dos recetas, calmantes para el dolor y una inyección para evitar complicaciones en el vuelo.Salimos con muletas, yo más torpe que nada. Tengo todo el cuerpo morado. Salvador está asustado, parece que me han dado una paliza, pobre, le he jodido el último día de vacaciones.Os mando fotos para que veais mi aventura neoyorkina. Por cierto, el seguro del MOMA se hará cargo de la factura médica.

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Reflexiones hospitalarias (1)

Tengo una habitación de lo más entretenida. A mi derecha la abuela de 99 años; a mi izquierda Mariluz, de Quart de Poblet,que se ha revelado como una experta en hamburguesas. En su primer día de postoperatorio le ha dado el antojo de una hamburguesa. Su hermana y su cuñado han salido en busca de una y han regresado con una bolsa de burriquin.
La llegada de la bolsa ha abierto un debate esclarecedor sobre la calidad de las hamburguesas y sus complementos. Parece ser que las patatas de burriquín son más crujientes que las de madonal. En términos generales, mi vecina se decanta por burriquin, aunque cree que las raciones de madonal son más abundantes.
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Un hábito extendido entre los frecuentadores de los hospitales es, como es sabido, intercambiar experiencias médico-hospitalarias. La abuela de 99 años de la derecha tiene imaginaria de 24 horas. Sus hijos y nueras se turnan por el día y la ecuatoriana hace 12 horas nocturnas.
Las nueras, a tenor de lo que comparten con la paciente de Quart de Poblet, padecen un deterioro de salud incomparablemente mayor que el que presenta la suegra.
Mariluz, la de Quart de Poblet, resulta ser alérgica a todo medicamento que haya pasado por el despacho de farmacia. Eso sí, aguanta bien la morfina.
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¿Por qué las auxiliares y enfermeras se empeñan en hablar en diminutivo?
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Años ha, los pasillos de los hospitales y cualquier centro sanitario estaban empapelados con el rostro dulce de una enfermera cuyo índice sobre los labios sugería silencio. Por si no quedara claro, debajo aparecía en mayúsculas la palabra “Silencio”.
No sé decir si esa costumbre perdura. Mi estado físico no me permite largos paseos por los pasillos. Es posible que incluso hayan cambiado el modelo y, cómo no, el idioma. Sin embargo, ni caso. Me ha tocado en desgracia una auxiliar de clínica que debe estar segura que cuanto más grite más simpática resulta.
Mi compañera de habitación tiene 99 años y no da nada de guerra, aunque si es una anciana con temperamento. Pues la buena mujer es el objeto de todos sus estúpidos chascarrillos y gracietas, eso sí, a 120 decibelios. Y sin parar.
Hemos tenido ya dos encontronazos, igual aparezco con un chichón en la cabeza un día de estos. Pero es que no puedo con semejante cotorra.

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viernes, junio 19, 2009

Buena suerte


Ya se sabe, cuando los actores se desean buena suerte, dicen: "Rómpete una pierna". Yo no soy actriz, pero estoy en camino.
Ese es el auténtico interior de una ambulancia del FDNY.

jueves, junio 18, 2009

Un día en Brooklyn

Tráfico en el puente de Brooklyn.

El puente de Manhattan desde el puente de Brooklyn.

Casa en el Promenade de Brooklyn. Una delicia con vistas incomparables sobre Manhattan.

Tampoco andan mal de arte egipcio. Con lo que hay en el British, en el Louvre, en Berlín, en el Metropolitan, en Brooklyn ... ¿queda algo en Egipto?

Yo juraría que es Etoo. La máscara procede de Camerún.

La colección de arte africano del Museo de Brooklyn es impresionante.


Sede del New York Times en la 8ª con la 42. Edificio proyectado por Renzo Piano.