lunes, noviembre 02, 2009

1989

1989 fue un año convulso para lo que se conocía como la Europa del Este. La oposición a Moscú era abierta en varios países. En la madrecita Rusia, o más bien URSS, se intentaba poner en marcha un proceso aperturista y de reforma económica, las llamadas “glasnot” y “perestroika”. Aún así, los países satélite no estaban seguros de que un intento de reforma política acabara, como otras ocasiones, en invasión y recrudecimiento de la sumisión al gigante del Este.

Gorbachov, propulsor de esa nueva política soviética, aseguró que no iba a intervenir en ningún proceso que iniciasen los gobiernos aliados. Así, naciones como la Checoslovaquia (todavía formada por los territorios checo y eslovaco), Hungría y Polonia habían empezado a relajar el férreo control que ejercía sobre sus ciudadanos.

La situación se repetía en la RDA, pero el gobierno de la Alemania Democrática era el más intransigente. Las manifestaciones reclamando libertad y democracia se repetían. Muchas de ellas a poca distancia del Muro de Berlín, en la Alexanderplatz. Otras ciudades, quizás menos emblemáticas, también eran escenario de revueltas y protestas.

El Muro era casi infranqueable y, desde luego, cruzarlo era poner en alto riesgo la vida. Miles de ciudadanos de la Alemania Democrática optaban por emigrar al Oeste a través de Polonia, Hungría y Checoslovaquia, cuyos controles de frontera se habían relajado considerablemente.

Los gobiernos de estos países hicieron saber al de la RDA que mantener la impermeabilidad del Muro era inútil, porque la gente se escapaba por otros sitios y que, además, estaban un poco hartos de ese trasiego.

En noviembre, las protestas en la RDA eran ya cosa diaria. Además. La población se sabía fuerte. Poco antes el temido presidente Erich Honecker, había renunciado y el país veía cerca una caída del régimen. El gobierno trataba de contener el malestar y dijo que aprobaría una nueva regulación más flexible. Pero conociendo el paño, la población no se fiaba y mantenía sus protestas.

A `principios de noviembre ya existía un plan que contemplaba la posibilidad de autorizar visitas al Oeste. La decisión fue de tal envergadura que se decidió hacerla pública en una rueda de prensa que se televisó y radió en directo a todo el país. Algo insólito y que nunca con anterioridad había ocurrido.

Uno de los máximos dirigentes del politburó, Schabowski, fue el encargado de hacer el anuncio el 9 de noviembre. Schabowski se limitó a leer la resolución por la cual se anulaban los requisitos que antes se exigían para autorizar las visitas. Un periodista italiano, Riccardo Ehrman, preguntó cuando entraría en vigor. Schabowski, inexperto en el trato con periodistas, no se esperaba la pregunta. Consultó sus papeles buscando ayuda y, al no encontrarla, sólo se le ocurrió decir: “De forma inmediata”. Unas horas más tarde, el Muro empezaba a caer ante la estupefacción de los agentes fronterizos y la presión popular. El mapa de Europa cambió de un plumazo en sólo unas horas, un cambio en el que tuvo mucho que ver la pregunta de un periodista.

Quizás sin esa pregunta, que dejó descolocado a Schabowski, la historia hubiera seguido su curso, pero también es cierto que no lo hubiera hecho con tanta rapidez y con tantas consecuencias. Un año más tarde se ponía en marcha la reunificación de Alemania y en 1991 la capital volvía a Berlín.

Veinte años después vemos como los políticos se niegan a responder a las preguntas de la prensa; se limitan a enviar comunicados escritos o filmados que no admiten réplica; no se pueden rebatir ni poner en duda. Y las televisiones los emiten sin ningún espíritu crítico. Los políticos, especialmente los de la derecha, comparecen ante la prensa y no admiten preguntas, como Camps y si se hacen no se responden.

Y los medios de comunicación lo permiten. Olvidan lo importante que puede ser una simple pregunta. Una pregunta sencilla y corta. Una pregunta que, sin embargo, cambió por completo el mapa europeo y la vida de millones de personas.

5 comentarios:

pcbcarp dijo...

Estimada Sra. Liddell: no sé por qué, me da la impresión de que el hecho de que hoy en día los "políticos" "democráticos" no contesten preguntas o incluso sustituyan las ruedas de prensa por spots publicitarios, tiene mucho que ver con lo que Vd. cuenta tan bien.

Creo que, sencillamente, han adquirido cierta capacidad de aprendizaje (o su equivalente protozóoico)que les hace recordar pasados errores.

Folken dijo...

Suscribo lo dicho por Pcbcarp, aunque no creo que tenga nada que ver con la capacidad de aprendizaje de los políticos.
En mi opinión, una mutación espontánea produjo que un político dejase de responder preguntas, y como los demás fueron devorados él pudo transmitir su alterada carga genética a futuras generaciones. Darwinismo puro.

meatifac

pcbcarp dijo...

Puede ser, Folken. Y los demás que salen en la tele son proyecciones holográficas modificadas por un ingenioso programa de patente española, que seguramente probaron en El Señor de los Anillos.

Alicia Liddell dijo...

Sospecho que el hecho histórico se ha convertido en ejemplo en las clases de relación con los medios que reciben los políticos.
Los políticos tienen el derecho de responder lo que les de la gana, o de no responder. Pero los periodistas tienen la obligación de preguntar, así como de poner en duda lo que responden si tienen evidencia de que intentan escaquearse.
He vivido en primera persona una situación de extrema violencia cuando un periodista le hizo una pregunta a un conseller de la época Zaplana. Se fue por los cerros de Úbeda y el periodista insistió, momento en el que el conseller perdió por completo los papeles y se puso a gritar ya amenazar. No era una pregunta especialmente capciosa, sencillamente preguntó a cuanto ascendía el presupuesto de unas obras financiadas con dinero público.

Fer dijo...

Amén, estimada Alicia, amén.
No sólo el artículo es sencillamente magistral en la explicación de los hechos de la caída del muro, sino sobre todo en su conclusión acerca de la relación entre periodismo y política.
Y todavía nos sorprenderemos del cerrojazo a CQC por las presiones de Aznar y Berlusconi...