viernes, mayo 09, 2008

Milán, otra vez

Viajé a Milán con el brazo en cabestrillo, escayolado hasta el hombro. Como es habitual, cargué con varios kilos de peso, aunque había tenido la precaución de llevarme un maletín con ruedas, que ayuda mucho. Eso sí, con un brazo inútil y el otro ocupado, fumarse un pitillo era una hazaña.
La primera noche, cenando en una ostería cerca del hotel, oímos gritar el nombre de una compañera. El muchacho que tanta bulla metía iba a cenar solo, así que, imprudentemente, le invitamos a compartir nuestra mesa. Era EL PESADO. A la media hora estábamos agotados, así que utilizamos la excusa de que nos esperaban en un acto. Inútil, se nos pegó. Una vez terminado el sarao, de regreso al hotel, EL PESADO se empeñó en acompañarnos y, de camino, invitarnos a una copa. En total, tres horas de padecimiento. Acabamos más agotados que toda la tarde pateando la ciudad.

Al día siguiente mandó tres mensajes inquiriendo por dónde andábamos, mensajes a los que hicimos caso omiso. Lo de los bolsos falsificados es todo un espectáculo. A la entrada del Sforzesco media docena de africanos con los brazos cargados de bolsos eran vigilados por una pareja de carabinieri. Una vez traspasadas las murallas, a unos 40 metros, varias docenas de africanos componían un pasillo donde ofrecían los mismos bolsos que a la entrada. Espectacular.

La compañera que nos proporcionó la velada del PESADO se compró un prada falsísimo por 10 euros.

Por supuesto luego fuimos a la galería Vittorio Emmanuelle para comprobar la inexistencia del modelo adquirido. Mientras tanto me entretuve en mirar las maletas e hice público a mis compañeros que, para mi jubilación, quiero que me regalen esa tan mona de piel de cocodrilo (sin ruedas) por el módico precio de 17.800 euros.

En fin, hicimos todo lo previsto que teníamos que hacer, con grandes caminatas, y el último medio día lo dedicamos a las compras o, mejor dicho, a ver escaparates y comprobar que a la catedral todavía le queda un año de limpieza, más o menos. Y ya llevan por lo menos cuatro.

5 comentarios:

Ray dijo...

Con razón dicen que el viajar hace que vivamos un sin fin de aventuras o que conozcamos otros lugares y sus gentes (todas).
JAJAJA, que martirio
Saludos cordiales

Folken dijo...

Mi viaje de fin de ESO fue hace ya 5 años y ya la estaban limpiando...

Alicia Liddell dijo...

Son concienzudos, por lo visto.

Guillermo dijo...

Querida Alicia, como conozco y disfruto de tus escritos tenísticos, me gustaría encargarte una pieza para el medio donde trabajo, soitu.es. Si te interesa, ¿podrías escribirme a mi correo?

guillermo.lopez[algarroba]soitu.es

Gracias.

Alma Cándida dijo...

Buenas, Dña. Alicia:

Espero que ya esté con el brazo colgando (vaya, qué mal suena), en fin, que haya abandonado el ángulo recto por otros menos cartesianos.

La verdad es que los posts precedentes eran impagables, muy buenos (lo siento, las caídas contadas con gracia son así, aunque, ¡qué dolor! Y qué cierto lo de la cara de póker, ojos vidriosos y "qué caída más tonta, por Dios", mientras se le va rajando el hueso... ugh).

Lo dicho: me alegro de encontrarla recuperada y tan escritora.

(Un bolso de piel auténtica de reptil... uffff).

Salud.