
Al otro lado de la red, la gran revelación: Andy Murray. El escocés, además, venía de vencer casi de forma humillante a Federer en semifinales, endosándole un 6-1 en el tercer set. Para más suspense, Murray había ganado a Nadal en sus dos últimos enfrentamientos.
El partido empezó con retraso debido al viento. Un viento que en momentos se hizo francamente incómodo para los jugadores, pero que Nadal supo poner a su favor.
Murray, aparentemente, iba como favorito, tanto por el excelente juego desplegado a lo largo de la semana como por la estadística favorable frente a Nadal. Y, sin embargo, no tuvo la más mínima oportunidad.
A las primeras de cambio, Nadal conseguía ponerse por delante en el marcador. Rafa alargó los puntos todo lo que pudo, jugó con bolas altas y reveses cortados y, en cuanto Murrray dejaba un resquicio, sacaba esa derecha asesina que posee para adjudicarse el punto o provocar el error de su rival.
Murray, por su parte, no pudo contar con su saque y se fue sin ningún punto directo. Rafa restó con comodidad y conseguía dominar el punto con prontitud. Antes de que se diera cuenta, el escocés perdía el primer set por 6-1 sin que Nadal le permitiera disfrutar de una sola bola de ruptura.
El segundo set empezó más igualado, hasta el 2-2. Juegos en los que se pudieron ver puntos preciosos y dos gladiadores dispuestos a devolver lo imposible: globos, voleas... un repertorio capaz de satisfacer al más exigente. Pero de nuevo Rafa dispuso de bola de ruptura y consiguió ponerse de nuevo por delante en el marcador y detener el casillero de Murray. 6-2 en el segundo set y un nuevo título del español.
No fue un partido para hacer muchos alardes, aunque se hicieron, porque son dos jugadores correosos y con espíritu ganador. Sólo con ese espíritu, el de no dar una bola por perdida, es lo que cimentó la victoria de Murray sobre Federer en al semifinal. O la que hizo que Nadal levantara a Nalbaldian nada menos que cinco puntos de partido, para ganar el set y endosarle a continuación un sonrojante 6-0.
Nadal ha empezado el año imparable. Y más maduro, con más recursos y sensibles mejoras tanto en el servicio como en la volea. Ha perfeccionado el revés y ha conseguido con el cortado sea ahora tanto un arma ofensiva como defensiva.
Estamos ante un tenista más maduro, más inteligente en su juego, que sabe emplear con más eficiencia sus armas. Nadal ha ganado en potencia, serenidad y versatilidad. Hace tiempo dejó de ser un simple pasador de bolas. Ahora es letal.