martes, diciembre 18, 2007

Chorradas varias

Poco a poco mi vida se traduce en claves. Desde que me levanto mi vida la gobiernan los dígitos o combinaciones de letras. El pin del móvil; la contraseña del ordenador; la contraseña del correo electrónico; el password de la intranet; el pin de la tarjeta de débito; la clave para acceder al sap ...

Hay claves fijas que permanecen y password que, por mor de la seguridad informática, nuestros expertos se empeñan en que cambiemos cada tres o cuatro semanas. Claves que no pueden repetirse y que exigen ciertas características. Por ejemplo, para el sap el mínimo son ocho signos, mientras que para la intranet son suficientes seis.

Además los periodos de cambio no son homogéneos. Unas se establecen cada tres semanas, otras cada cuatro, otras cuando le viene bien al administrador del sistema o se acuerda.

Mi disco duro personal, o sea, mi memoria compuesta por neuronas con sus consiguientes sinapsis, empieza a verse desbordado ante tanta clave y tanto requisito. Busco, como cualquier hijo de vecino, reglas mnemotécnicas para recordarlas e incluso establezco un sistema. He adoptado uno geográfico, es decir, pongo nombres de provincias de ocho o más letras. Así tengo suministro para una temporada.

Eso sí, tengo que recordar que para el sap voy una provincia retrasada respecto a la intranet, dado que el intervalo de cambio difiere.

Tuve que establecer estas reglas después de que, tras un periodo vacacional, olvidara todos los password y no me pareció conveniente –aunque muchos compañeros lo hacen- apuntar las claves en un posit pegado a la pantalla.

No es que tengamos los secretos del uranio enriquecido iraní, pero tampoco es cuestión de facilitarle la tarea a los curiosos.

En fin, que a veces me veo eligiendo la próxima clave con verdadera obsesión y aunque mis habilidades matemáticas dejan mucho que desear, llego a asustarme sino me estaré convirtiendo en una especie de John Nash escribiendo en papeles combinaciones de letras y números e intentando encontrar en ellas las pruebas de una conspiración sideral.

3 comentarios:

Folken dijo...

Para esos menesteres lo que yo hago es escribir palabras con números. (tengo una contraseña diferente por cada una de las 4 cuentas de correo electrónico, la cuenta de usuario de la UV, la cuenta de usuario de la Univ-Nantes, la cuenta de usuario de un par de foros islamistas...)
Ejemplo:

Botijo - b0t1j0
PanchoVilla - P4nch0V1ll4.
Puede dejar la primera vocal o la última, para hacer aún más difícil la tarea de desencriptado:

ComunidadDeMadrid - CComun1d4dD3M4drid.

A veces, si la palabra resulta demasiado corta, puede añadir números aleatorios al final o letras con una fonética que sea fácil de recordar...

¿pasaría la prueba de Nash?

Alicia Liddell dijo...

Propio de Nash, sin duda. A excepción del correo del trabajo y diversos programa que exigen password, para las cuentas de correo web he unificado contraseñas, porque ya empezaba a desbordarme.

Los del corteinglés, por ejemplo, están hasta el gorro de mí, ya que soy incapaz -cuando hago alguna compra electrónica- de recordar mi identificación y mi clave. La última vez me mandaron un correo con todas las altas que me he dado y conminándome a que use sólo una.

Y ahora que me he dado el capricho de comprarme una cafetera Nespresso y tengo que pedir los cartuchos por internet, tres cuartos de lo mismo. Al menos en este caso recomiendan usar como identificador una cuenta de correo con un arroba y todo.

En fin, que mi vida está pineada, passwordizada y contraseñaleada (si es que ese palabro existe)

Anónimo dijo...

Yo me compraría una Nespresso, y hasta me pinearía, passwordizaría y contraseñalearía (uf), si me la entregara a domicilio il vero George Clooney...

Anónima Paula