miércoles, julio 02, 2008

La maestra


Mi madre es una gran cocinera, pero su capacidad pedagógica usando como material didáctico las cazuelas era bajo 0. Cada vez que le preguntaba como se hacía tal o cual comida, ella contestaba, invariablemente, que no sabía explicarlo y que me fijara.

Como además tenía la costumbre de dejarnos solos a marido e hijos al menos un par de veces al año para pasar unos días en su casa natal, había que solventar el problema de mantenernos con vida mientras durara su ausencia.

Hablo de una época donde el congelado apenas sí existía, los precocinados y el microondas eran ciencia ficción y comer fuera de casa sólo se hacía en fechas muy señaladas, como bodas, bautizos y comuniones.

En plena adolescencia no me quedó más remedio que cocinar para cinco personas sin aprendizaje previo. Y ahí apareció mi otra madre, Simone Ortega, porque fué ella la que se hizo cargo de mi adiestramiento cocinero. Obligada por las circunstancias compré las famosas 1.080 recetas de cocina. Se convirtió en mi lectura de cabecera. Todas las noches –cuando mi madre disfrutaba con sus hermanos en las montañas cual Heidi- escrutaba el grueso volumen hasta encontrar una receta adecuada a nuestras necesidades y mi pericia.

Este aprendizaje, y sus consiguientes errores, que conste, me ayudaron posteriormente a fijarme como mi madre se movía en el fogón e ir apuntando mentalmente todo aquello que ella o bien se negaba a revelar o no sabía explicar.

Hoy día en mi cocina está el cuarto ejemplar de las 1.080 recetas de Simone Ortega. Los otros tres fueron muriendo por uso y abuso de los mismos, con páginas que se desprendían y se perdieron; papel manchado de cualquier sustancia comestible o préstamos que nunca se devolvieron.

Simone Ortega acaba de morir y es como si una antigua y buena maestra hubiera desaparecido. Esa maestra de escuela paciente que nos enseñaba a coger bien el lápiz, que hacia de cualquier materia una aventura apasionante. Una maestra que me hubiera enseñado a manejarme en la vida. Simone Ortega me hizo más independiente y autónoma y, encima, gracias a sus enseñanzas, entre mi familia y allegados tengo fama de ser buena cocinera. Muchos creen que es a través de mi madre, pero es gracias a Simone Ortega.

4 comentarios:

Folken dijo...

Yo soy autodidacta.
Así hago los emplastos que hago.

Alicia Liddell dijo...

Pues permítame que le sugiera una obra imprescindible. "La cocina mediterránea", también en Alianza Editorial. Además de variado y rico-rico, que diría el vasco, suelen ser recetas fáciles de hacer.
Mi aclamada sepia amb ceba salió de sus páginas.

Folken dijo...

¿Partidazo?

Alicia Liddell dijo...

Apreciado Folken: Desde que me fichó soitu.es cuelgo allí los comentarios tenísticos. Le paso el penúltimo, porque estoy preparando el último. Partidazo, no. Fué EL PARTIDO.
http://www.soitu.es/participacion/2008/07/06/u/liddell_1215378992.html