miércoles, junio 28, 2006

Experimento


Hay escritos masculinos y escritos femeninos. Creo que resulta fácil identificar ambas formas de escribir. Pero ¿es posible imitar el tono de uno y otro?

Por usar un ejemplo fácil: Henry Miller y Anais Nin. Ambos se comparten, pero la forma de narrar es completamente distinta. Miller es masculino y Nin femenina.

He hecho un pequeño experimento, aunque no sé si he conseguido el tono.

Ahí va:


Es un pié imperfecto y, por ello, más atractivo.

Estoy con el gandul de mi hijo comprando calzado. Aburrido me tiene. No menos cinco pares de botas de distintos modelos y colores se amontonan en sus cajas. Mientras se decide, miro alrededor.

Y allí está el pié, con ese pequeño defecto que lo hace más entrañable: el dedo meñique se alza por encima de los demás, como reivindicando su importancia.

Pertenece a una pierna bronceada, con un tobillo fino, pantorrilla justamente carnosa y una rodilla de perfil suave. La chica del pié, quizá algo mayor que mi hijo, lleva un short que deja ver unos muslos morenos, fruto de horas de sol y crema bronceadora.

La chica no se avergüenza de su pié ligeramente defectuoso. Se prueba sandalias que exhiben el meñique vanidoso, como si se enorgulleciera de ese detalle que la hace diferente de cualquier otra y que cualquier otra, menos segura de sí misma, ocultaría.

Sorprende mi mirada y me responde con un mohín de fastidio. Noto que la sangre se agolpa en mi cara: me ruborizo como un crío.

- Venga, decídete de una vez –le espeto a mi hijo- no vamos a estar aquí todo el día.

11 comentarios:

Miguel Sanfeliu dijo...

No creo en la existencia de un tipo de escritura típicamente masculino y otro femenino. Cómo escribe o debe escribir un hombre y cómo escribe o debe escribir una mujer creo que depende de la época en que dichas valoraciones se realicen. Es cierto que hay hombres que escriben como hombres y mujeres que escriben como mujeres, pero también es cierto lo contrario ¿o no?
Piénsalo, ¿qué diferencia la escritura masculina y la femenina? ¿La agresividad? ¿La poesía, tal vez? ¿El tratamiento de los sentimientos? En este caso, habría que admitir que existe literatura femenina escrita por hombres y literatura masculina escrita por mujeres.
Por otra parte, el texto de tu experimento me parece muy logrado.
Un saludo.
(espero no haber dicho nada que pueda indignar a nadie)

Miguel Sanfeliu dijo...

Te dejo un enlace que está más cerca de tu opinión: http://homepages.nyu.edu/~jr132/Conferencia-RosaSilverio.htm

En él encontrarás esta cita de Lucía Etxebarría: "ellos son más visuales y descriptivos, ellas más sensuales y plásticas, porque los hombres cuentan lo que ven y las mujeres lo que sienten".

El tema da para mucho debate.

Alicia Liddell dijo...

Muy interesante el enlace. Gracias.

anilibis dijo...

Me parece que has salido bastante airosa del experimento, tocaya.

Sin embargo yo haría un pequeño inciso:

Cuando una chica de bronceadas piernas con short hace cualquier mohín en dirección a cualquier miembro de la especie masculina, la sangre no se le agolpa en la cara. No precisamente ahí.

A quienes se nos agolpa la sangre en la cara es a nosotras.

Besos

anilibis dijo...

Y también debemos recordar que uno de los más afamados y respetados escritores / poetas fue George Elliot... el seudónimo de Mary Ann Cross.

En el siglo xix, muchas mujeres escritoras asumían seudónimos masculinos para poder publicar. EL problema no está en la forma de pensar, sino en la idea preconcebida del lector/a.

Alicia Liddell dijo...

Sin llegar a tales extremos, hay quien oculta su nombre de pila tras iniciales. A bote pronto se me ocurre P.D. James

ispahan dijo...

Yo cuando veo una chica con short y bronceada se me agolpa la sangre en los dedos gordos de los pies. Tampoco es una imagen como para ponerse tan contento. A veces las chicas os manejais con unos topicazos... quizás fruto de vuestras fantasias insatisfechas.

Creo que la mayoria de escritores de novela rosa eran hombres bajo pseudónimo femenino. Con sus verdaderos nombres no podian publicar esas novelas cuyo público era exclusivamente femenino. Esto si que parece claro: Es una literatura que suele gustar casi exclusivamente a las mujeres.

En la escritura yo tambien pienso que hay ciertas formas y matices que podrian revelar el género. Los cerebros de los hombres y las mujeres son diferentes. Los hombres suelen contar con una media de 4 millones de neuronas más pero las mujeres tienen los dos hemisferios mejor comunicados por el cuerpo calloso (que es más grande).

Si la manera de pensar es distinta es lógico que la manera de escribir tambien lo sea. Hay unas reglas gramaticales que todos más o menos respetan y tambien hay imitaciones de estilo. Sin embargo pienso que hay diferencias en el modo de abordar temas y tambien en la construcción del discurso narrativo.

Creo que los hombres son más precisos en el analisis de los personajes y las mujeres son más prolijas en la descripción de emociones. Las mujeres escritoras suelen implicarse más con sus personajes femeninos y menospreciar a los masculinos. Es lo que yo he percibido.

Purificación Ávila. dijo...

Estoy contigo, Alicia. ¿Cuántas mujeres escritoras tuvieron que publicar sus novelas con seudónimo masculino? Fernán Caballero, por ejemplo. Por ser otra época debieron hacerlo¡Y colaba!
Buena prueba esta: Yo creo que se puede, todo es cuestión de ponerse en la piel, somos escritores ¿no? Adoptamos identidades. Yo no creo que no se pueda lograr.
Alicia Rosell.

malambruno dijo...

El relato es estupendo, me encanta. Y yo diría que las reflexiones y las reacciones del narrador son perfectas. Si una mujer entiende bien a un hombre, puede narrar desde su punto de vista. ¿Le es más fácil ponerse en la piel (morena) de la chica del mohín?

malambruno dijo...

Por cierto, Anilibis, creo que los hombres tenemos sangre suficiente para que la sangre también se nos agolpe en la cara.

Alicia Liddell dijo...

Supongo que se trata de lo que eufemísticamente denominamos experiencia y que no es más que la edad. Pero me resulta más fácil ponerme en la piel de un hombre que ronde los 50 que de una adolescente.

Al final se trata de lo que observamos y de cómo lo entendemos.