
De todas formas, es un hombre discreto y nunca acaparó la atención popular como otros tenistas de su generación: Moyá, Corretja o Costa. Pero él era el cuarto mosquetero de lo que se llamó, y por extensión todavía se llama, la Armada Invencible.
Félix Mantilla se caracterizaba por pasar desapercibido, aunque a veces se permitía alguna frivolidad como teñirse el pelo y diversos cambios en el acicalamiento de su perilla.
Sin embargo, siempre fue un valor seguro en tierra batida. En aquel mítico 1998 alcanzó las semifinales de Roland Garros, acompañando a los otros tres mosqueteros, que fue el año del doblete: Moyá y Arantxa.
Acumula 10 títulos, entre ellos el Master Series de Roma de 2003, en dónde derrotó a Federer. Fue su último título, aunque quizás el más querido por él sea el Conde de Godó que ganó en 1999.
Pero no es el único número 1 del mundo al que ha derrotado en una final: Moyá y Kuerten también se cuentan entre sus víctimas.
Aunque lo suyo es la tierra, también obtuvo resultados notables en pista rápida, como la final que perdió contra Rafter en Long Island, justo antes de que el australiano ganara su segundo Open Usa.
Mantilla, tiene otras gestas en su haber, como aguantar un partido de Copa Davis contra Nueva Zelanda, y ganarlo, estando lesionado –prácticamente no se podía mover-, porque ningún otro tenista del equipo quiso jugar.
Mantilla era el prototipo de luchador, de familia de pocos posibles económicos, perteneciente a un club de escaso relumbrón. Y ese carácter de luchador es el que le impulsa a volver al tenis después de superar un cáncer de piel que hace un mes hizo público.
Vuelve al tenis con 33 años no para ganar nada, sino porque le gusta y porque quiere demostrar que después de un cáncer de piel, algo verdaderamente sensible para un deportista cuyo ámbito de trabajo es el aire libre, se puede seguir disfrutando.
Necesita, eso sí, vestimenta especial, que le proteja del sol. Y no sé yo si las marcas de equipamiento están por la labor, pero demostrarían no sólo sensibilidad, sino también visión comercial, porque Mantilla, aunque no vuelva a ganar un torneo, es un campeón.