miércoles, junio 20, 2007

Estrellas efímeras del tenis

Ganar un torneo de tenis no es fácil, especialmente en los más conocidos: Grand Slam y Masters Series. Si el tenista no tiene una calificación alta, tendrá que pasar por las fases previas. Por ejemplo, en un Grand Slam pasan 16 de 128. Cuando empieza la competición ya han tenido que ganar 3 partidos y tienen otros 7 por delante, a cinco set cada uno.

De vez en cuando surge una sorpresa y un desconocido se alza con el título. Puede ser un jugador prometedor y que ganar no sea más que una consecuencia natural de su evolución de juego. Pero otras veces el motivo es más fruto de la casualidad, de retiradas prematuras de rivales que van allanando el camino.

Cuando se repasan las listas de ganadores de campeonatos de tenis nos encontramos con nombres que luego cayeron en el olvido, con una trayectoria anodina, hasta desaparecer. Otras veces sí estaban justificadas sus victorias y auguraban una carrera a tener en cuenta, pero lesiones o simplemente pérdida de interés les alejaron del deporte.

Aunque no es el caso, porque fue un tenista genial, Sergi Bruguera fue de esas estrellas que un buen día se cansaron y desaparecieron. Sospecho que Bruguera odiaba jugar al tenis –de hecho tras dejarlo se ha dedicado al fútbol sala- y no hablamos de un jugador del montón, sino de un doble campeón de Roland Garros y finalista. Un tenista al que temía Pete Sampras que veía que era casi imposible ganarle, incluso en pista rápida.

Bruguera, harto del tenis y de su padre, escudado en un sinfín de lesiones que le martirizaban, decidió un día discretamente abandonar la raqueta.

Uno de los casos más enigmáticos fue el de Roberto Carretero, que fue campeón junior de Roland Garros en 1992. Ganador de Hamburgo 1996 en una final contra Corretja, luego no volvió a ganar ni un torneo más. En toda su carrera profesional jugó 68 partidos, de los que perdió 45.

Detrás de las pocas estrellas, pero muy pocas, están los jugadores medios, sólidos y que de vez en cuando dan la sorpresa. Casi nunca son portada, a excepción de que derroten a un grande o por razones extradeportivas –como Tommy Robredo que exhibe su musculatura en Cosmopolitan- y, tras éstos, los jornaleros del tenis. Jugadores que viven de torneo en torneo, sin grandes patrocinadores y cuyo sustento y el de su equipo es obtener el premio en metálico. Esos que se ubican entre el 200 y 30, que no reciben cartas de invitación ni entran directamente en los cuadros finales gracias a la posición en la clasificación.

Son esos tenistas que no tienen entrenador, preparador físico o masajista, y mucho menos manager o representante. Carecen de jugosos contratos de patrocinio.

Tenemos también a las jóvenes promesas frustradas. Los franceses y los ingleses son especialistas. Cada año en su Grand Slam anuncian la llegada de un jugador que se batirá el cobre para, por fin, ganar el torneo propio. Pero no hay manera. Richard Gasquet o Jamie Murray, como en su día Tim Hemann, serán tenistas del montón que, con suerte, conseguirán un par de torneos menores y pasan a engrosar la lista de “jugadores medios”.

Algunas de estas jóvenes promesas sucumben a las tentaciones del “glamour” y son pasto de las revistas del couché, en lugar de las informaciones deportivas. Como muestra, ahí está Feliciano López, quien da la impresión de estar más ocupado en sus ligues que en su juego, y Fernando Verdasco, también muy dado a aparecer en público con jóvenes actrices.

Los argentinos también son proclives a depositar su confianza en las jóvenes promesas, de quienes auguran sucederán con honor a los grandes nombres que poblaron ese deporte en el país austral, con Guillermo Vilas a la cabeza. Pero no hay manera. Entre sanciones por dopaje y repetidas lesiones que les retiran de la competición durante largas temporadas, siempre se quedan en simples promesas.

Y, por último, están las rutilantes y efímeras estrellas de un par de temporadas. Jugadores que se encumbran y súbitamente se vienen abajo, como son los casos de Carlos Moyá o Juan Carlos Ferrero, que el pobre no levanta cabeza.

Robredo posa con fines benéficos para la investigación contra el cáncer.

16 comentarios:

Dr. Strangelove dijo...

Magnífico artículo tenístico. Eres una auténtica experta, ¿no serás una jugadora profesional?

Brillante post y muy acertado análisis.

Saludos

Alicia Liddell dijo...

¡Qué va! Una apasionada, sí. Sólo he jugado tenis para divertirme, algo que ahora no puedo hacer gracias a una maravillosa lesión de hombro derecho que me provoca horrorosos dolores en el saque.
Ahora que se avecina una temporada tranquila de trabajo y una sobredosis de torneos, amenazo con hacer mi lista de mitos tenísticos.

Folken dijo...

Ferrero más que lesiones físicas tiene psíquicas. Tiene poca moral, y eso que es de cerca de Alcoy.

Y lo de los argeninos... Willy Cañas y Nalbandian son buenos joder... no los mejores pero son buenos

Manuel Márquez dijo...

Compa Alicia Liddell, coincido totalmente con el Doctor acerca de las excelencias de tu artículo: muy completo y muy preciso, vaya que sí... a la espera quedo de ese "deshuese" de tus mitos tenísticos; por aquí andaremos para leerlo (y, si puede ser, comentarlo...).

Un abrazo.

Alicia Liddell dijo...

Comandante Folken (no sé si acierto en la graduación): Ferrero, como otros cuando llegan a su cénit, se vuelven erráticos, despiden a entrenadores y prefieren atender a novias que a entrenar.
A Ferrero, a quien sigo desde que debutó como profesional, le puede una cierta soberbia que con el paso del tiempo y los repetidos fracasos se ha convertido en una especie de quien te ha visto y quien te ve. Ahora no pasa de primera ronda ni contra un juvenil.

Folken dijo...

hace poco en una entrevista dijo una de las frases más deplorables que he oído en alguien pretendidamente profesional en cualquier ámbito:
Ahora mismo estoy de nuevo preparado para alcanzar los cuartos de final de algún torneo. Como si eso fuese algo bueno...

No me hable del zorrón de su novia...

anilibis dijo...

Muy buen artículo, y siento mucho lo de su lesión. El tenis, junto a la natación, es de los pocos deportes que soporto ver. Practicarlos ya es otra cosa. Como mucho natación, porque no se suda.

Qué macizo está el Robredo, pardiez.

Alicia Liddell dijo...

Folken: Nalbandian es muy bueno. Tiene un carácter raro, entre apático y pendenciero. Es capaz de montar un pollastre por una tontería y que se le vaya la olla, tirando un partido que pudiera tener ganado, o mostrarse frío como un témpano y darle una paliza a Federer, como en la Final del Masters Series de hace dos años. Creo que también ha sido maltratado en algunos torneos. Recuerdo hace unos años en el Open USA contra Roddick -una semi, creo- los jueces no disimularon su favoritismo por el americano. Hizo un partidazo pero al final consiguieron desquiciarle.
Cañas está intentando rehabilitar su buen nombre. Espero que no le vuelvan a pillar, porque los argentinos son proclives a reincidir. Es un gran jugador, muy peligroso.
Anilibis, casi parece un discóbolo ateniense :)

Alex dijo...

De entre los que brillaron brevemente y luego desaparecieron sin más, recuerdo a Julián Alonso. Un tipo al que vendieron como sólida promesa y del que nunca más se supo pese a haber llegado a jugar con el equipo de Copa Davis. En el apartado rosa, creo que fue novio de la Hingis durante algún tiempo, otra diosa de pies de barro.

De entre los que llegaron a lo más alto pero no les gustó lo que allí se encontraron me quedo con Miroslav Mecir. Jugador de talento inmenso. Un purista del toque que se deselvolvía a la perfección en un terreno tan hostil como la hierba. Le vi jugar en numerosas ocasiones y puede decir que nunca he visto a nadie moverse como él en una pista. Era como si se desplazase sin tocar el suelo, pura gracilidad. Mentalmente era frágil, le llamaban "el pescador" porque aseguraba que prefería pasarse una tarde pescando en su pueblo natal que jugar una final de Wimbledon. Finalmente jugó esa final y la perdió. Después desapareció. Ya puedo imaginarle sentado en el embarcadero de algún lago checo. Supongo que ahora será feliz.

Alicia Liddell dijo...

Efectivamente, Julián Alonso fue la típica joven promesa que nunca acabó de despuntar. En lo que no estoy de acuerdo es en lo de Martina Hingis, creo que ha sido una de las mejores jugadoras de tenis, no potente, pero sí muy inteligente. Siempre se sacaba el golpe que más perjudicaba a su rival. Quizá la expectación que despertaba -con 15 años ya era una estrella- le pasó factura, con comportamientos francamente estúpidos, como en aquella final contra Steffi en Roland Garros. Su reinado terminó con la llegada de las "bestias" Williams (dicho lo de bestias por la velocidad y fuerza que imprimen a sus golpes) y que durante algunas temporadas las convirtieron en reinas absolutas del circuito ... hasta que las rivales encontraron la manera de contrarrestar su fuerza. Ya no son lo que eran, además de la aparición de nuevas pegadoras.
Mecir era conocido como "el gato" por su esa gracilidad en la pista, esa facilidad de movimientos. No conocía sus aficiones pesqueras, aunque a los gatos siempre les ha gustado el pescado.

Fer dijo...

Magnífico artículo, Alicia, has sido capaz de poner mi mente vacuna en marcha para recordar aquellos tenistas que tanto apuntaban y tan poco lograron.
A los Julián Alonso, Carretero, Ferrero (grandísima decepción) y Moyá (otro que tal baila), yo añadiría "figurones" como Melibay Washington (como se escriba), Verkenk, Jordi Arrese o supuestas estrellas como Safin o Hewitt.
Espero ansioso esa galería de mitos tenísticos.

Alicia Liddell dijo...

¡A Marat no me lo toque!!!!
Es una de mis debilidades. Reconozco que es un ruso loco, pero loco. Pero, por favor, qué pedazo de tenista si le diera la real gana.
Le recuerdo que ha ganado dos GS -el US a Sampras y el Aus (ganó en semis a Federer)contra Hewitt que jugaba en casa- y tiene cinco masters series.
Hewitt es que es antipático, y se lo digo de primera mano. Mientras que Marat es, además de loco, encantador.

Rafa Porcar dijo...

Espléndido artículo. Creo que uno de mis recuerdos más desesperantes como espectador es un partido de la Copa Davis en el que Bruguera jugaba contra un austriaco (Creo recordar). La manera en que tiró el partido con unas 40 dejadas y la cara que ponía, como si le estuviesen acuchillando (para nada un "killer" ganador) le definía perfectamente: en ese momento Bruguera hubiese sido feliz en cualquier otro sitio... mientras que los grandes campeones estarían encantados de verse en esa situación

Felicidades de nuevo

Anónimo dijo...

Con mucho respeto, creo que la persona que ha escrito este articulo sabe muy poco de tenis y de la vida de un tenista, llamar despectivamente jugadores mediocres a los que ha nombrado sin duda es no tener ni idea. Si conocieras realmente todo el esfurzo que hacen dia a dia los tenistas seguro no opinarias. Ademas, juzgar la vida privada de otros es aun peor.

El Abuelo dijo...

¿Que Ferrero y Moyá se quedaron en blufs de dos temporadas...?

Revisa tus fuentes, porque así no vamos a ninguna parte...

Tony Juste dijo...
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