
Como tampoco comentaré de Fante a quien afortunadamente han sacado del olvido en los últimos tiempos. A pesar de ser una lectora precoz de Bukowski, hasta hace unos cuatro años no tuve conocimiento de su obra y desde entonces he ido espigándola.
Vonnegut ya dije que me apasionaba, pero no me atrevo a comentar nada sin releerlo antes. Alvy Singer informa de la aparición de un nuevo libro suyo. Aprovecharé para darle un repaso.
Tengo encima de la mesa dos libros de Heinrich Böll, un autor que me gusta mucho, pero que hace más de 20 años no he retomado. Sus “Opiniones de un payaso” y “Billar a las 9:30” me parecieron novelas maravillosas.

Siguiendo con ganadores del Nobel, también tengo en alta estima a Coetzee, de quien me enorgullezco haber leído antes de que le concedieran el galardón, gracias a un apreciado amigo que me descubrió su obra. Mi favorita es “La edad de hierro” y también me gusta mucho “Foe”, aunque me decepcionó “En medio de ninguna parte” y eso que creo que es una buena novela, pero resulta tan farragosa que fue un ejercicio de voluntad concluirla.
Y si hablo de no-ganadores-del-Nobel debo destacar entre uno de mis ídolos a Graham Green. Me cuesta encontrar algo tan desolador como “El poder y la gloria” ni nada tan conmovedor como “Nuestro hombre en La Habana”.
Sus personajes, siempre destinados al fracaso, se mueven con una ética particular. Me asombra, por ejemplo, “El americano impasible”, dónde las presuntas buenas intenciones, inspiradas en elevados ideales conducen a la destrucción. Pero son sus personajes oscuros, degradados –esos alcohólicos, los adictos al opio o a cualquier baja pasión-

No comenté, en su día, que su sucesor, me parecía muy digno. Como comprenderán, hablo de LeCarré.
Tampoco he abordado a Tom Sharpe, con el que he pasado unos ratos estupendos, tanto con Wilt como con algunos de sus bastardos recalcitrantes.
Los británicos me gustan, especialmente los que explotan la vena irónica. Aquí debo destacar al maestro: Evelyn Waugh, que todavía me arranca carcajadas con su “Merienda de negros” o la “Noticia bomba”.
He hablado alguna vez de Ian McEwan, así que no voy a repetirme, porque también es uno de los autores que más en boga está y que más comentarios recibe.
Volviendo al continente, rescato a Italo Calvino, un auténtico maestro. Para los incondicionales de Baricco –un autor que estimo a pesar de su reverencia al esteticismo- les diré que antes, siempre

Sobre Lobo Antunes sólo he dejado algunos comentarios en bitácoras ajenas. Es un autor que me desconcierta, pero me seduce. No es una lectura fácil, como tampoco lo es la de -permítanme un salto atlántico- Cormac McCarthy
Tampoco me he enredado con mis favoritos nacionales: Baroja, Valle, Martín-Gaite o Mendoza.
He escrito muy brevemente sobre Murakami, Chabon, Enzensberger, Pasqal Quignard, ... Acabo descubriendo que no he leído tanto como creía ni como quería, sin embargo sigo encontrando autores que me agradan y me pregunto como he podido no haberlo hecho antes. Gracias a la sugerencia de algunos lectores he realizado algún comentario sobre Jonathan Franzen y me enorgullezco de mostrar a algún ilustre desconocido como Tristán Egolf, o he coincidido en lecturas tan perturbadoras como la de Lem.

Les he aseteado con mis preferencias de literatura menor, es decir, novela negra y espionaje, con referencias a suecos impronunciables, la terrible madre de Ripley o las damas británicas. No me he avergonzado de que Crichton me haga gracia y piense que su literatura plana no esconda temas profundos.
Repaso el texto una y otra vez. Añado autores que no he incluído y veo que es una tarea inútil, porque uno lleva a otro ... y a otro. Cerezas, de nuevo cerezas.
Pero para aquellos que argumentaban que me centraba en mis fobias, pues va a ser que he hablado mucho de filias, aunque aparezcan más desgranadas aquí y allá sin seriar.