lunes, julio 31, 2006

Punto final


Dado que comienza el periodo vacacional y estoy más vaga que mis dos perros juntos –expertos en encontrar el lugar más fresco de la casa y tirarse todo el día tumbados tan ricamente- … pues parece que me he quedado sin temas de qué comentar.

No es cierto, porque hay un par de ellos para mí del máximo interés, pero como sé que me voy a subir por las paredes no sé si es conveniente que empiece a dar puntadas. Además, ya he ido dejando en este y otros blogs miguitas de mi indignación. Me refiero a la dichosa ley de recuperación de la memoria histórica o como demonios haya sido finalmente bautizada y la reacción episcopal al nacimiento de una niña sevillana sin la enfermedad de Duchesnne.

En el primer caso –caigo en mi propia trampa- no sé si es recuperar la memoria o poner punto y final. Leo en El País de hoy que no se podrán publicar los nombres de los verdugos. Pues vale. Que no se eliminarán las calles, placas, monumentos y otros elementos de mobiliario urbano conmemorativo de la dictadura. Ah, pues vale. Que no se anularán los juicios de oficio, sólo a petición de parte. Bien, sin problema.

Francamente, no sé para qué coño sirve dicha ley. No tengo claro si todos los que consiguieron un título universitario durante la república y que con la “paz” fue revocado volverán a ser abogados o arquitectos o médicos. No sé si los matrimonios civiles de la república serán reconocidos y los hijos fruto de los mismos dejarán de ser ilegítimos (a buenas horas mangas verdes, ya ves tú lo que les importará a los cadáveres que reconozcan ahora sus matrimonios)

No tengo claro si los bienes confiscados a particulares y organizaciones republicanas o simplemente democráticas serán restituidos. Tampoco si se indemnizará a las víctimas del franquismo. Y no me refiero sólo a los de los primeros años, me refiero a todos. Me viene a la memoria, pongo por caso, todos esos detenidos que tenían la nefasta costumbre de caerse por las escaleras de la DGS o lanzarse por sus ventanas e incluso ponerse en la trayectoria de una bala.

Recuerdo con especial pavor el caso de Julián Grimau, fusilado en 1963 -24 años después de que concluyera la guerra- tras un consejo de guerra que pasará a la historia jurídica como un ejemplo de irregularidades procesales de dimensiones espectaculares. Manuel Fernández Martín –el fiscal militar del caso- ni siquiera había aprobado primero de Derecho. Durante 30 años mantuvo la farsa de ser abogado e incluso antes, pero ahí le pillaron, se hizo pasar por médico.

No fue la única irregularidad. A Grimau se le juzgó mediante un procedimiento derogado dos semanas antes, pero que se mantuvo en secreto.

Un año después de la ejecución se descubrió la impostura de Fernández Martín. En buena ley, todos los juicios y consejos de guerra en los que había participado eran nulos. En 1990 la causa llegó al Supremo, quien se negó a anular el consejo contra Grimau. Si lo hacía, se hubiera abierto una avalancha de revisiones judiciales. Hace cuatro años IU presentó en el Congreso una propuesta para rehabilitar la figura de Julián Grimau, que fue rechazada por la oposición del PP, entonces con mayoría absoluta.

Julián Grimau es quizás el caso más conocido, pero detrás de él se esconden cientos y cientos más. No sólo víctimas de una corrupta justicia, sino de la represión pura y dura. A mi memoria acuden víctimas franquistas incluso muerto Franco. Pues nada, punto final.

Vaya, no quería escribir de estos temas. Si es que me enredo como mi gatita Dina con el ovillo de lana.

7 comentarios:

Fer dijo...

No te cortes, Alicia. Siempre podrás hablar, escribir, comentar y criticar, especialmente cuando hay temas que nos hacen sacar lo peor de nosotros mismos.
La nueva ley, tan tibia y descafeinada ella, al menos puede servirnos de plataforma para, como haces tú, recordar a quien lo merezca. Amén de poner a los populares en su sitio, a ellos y a todos los que quieran creerse sus patrañas desvergonzadas. Lo mismo para la Iglesia y su escaso sentido moral. Al menos, es lo que he intentado hacer en mi blog.
Espero que este punto final que anuncias sea sólo ocasional, vacacional. Que pronto volvamos a tenerte en plena forma, descansada y escribiendo. Para nosotros, y para ti, que es lo que cuenta.

Francisco Ortiz dijo...

No, no te cortes, porque el cabreo nos dura a unos cuantos: yo no veo la transición como algo modélico y no considero que fuera mejor la tranquilidad y la concordia porque sólo disfruraron de eso durante cuarenta años los seguidores del caudillo ( y siguieron disfrutando). Aquí se olvida siempre para favorecer a los que deberían de haber sido juzgados más tarde, a los que debían de haber respondido ante la ley por tantos abusos, tantas muertes arbitrarias y tanto fascismo. Esos son los que quieren ahora las aguas tranquilas, los que no quieren memoria, sino olvido. Y el olvido injusto es volver a cometer las injusticias por segunda vez, es dejar a los vencidos derrotados por segunda vez, es matar por segunda vez a los muertos.

Alexandrós dijo...

Oportuno y certero.
¿Qué dijeron los obispos?
Un saludo

Isabel Romana dijo...

Serán vacaciones, pero te veo muy combativa, alicia. Y me parece bien, porque estamos hartos de tantos paños calientes. Y, encima, aún hay que oir lo que dice la nietísima "ahora se habla de la guerra porque hay mucha gente resentida"...Bueno, no digo nada más para no contribuir a tu enfado. Besos.

Fer dijo...

El enfado, Isabel Romana (interesante y elaborado blog el tuyo, por cierto), persiste. Y persistirá mientras haya gente que se dedique a negar sistemáticamente lo ocurrido, o a matizarlo, o a ponerle paños calientes, como bien dices.
No cejemos en nuestro empeño, por lo tanto. No tengamos miedo en denunciar, en sacar a la luz las verdades, miserias y grandezas (que las hubo) de cualquier periodo de nuestra Historia.
Como escribió Alberti, y viene al caso: "a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar".

anilibis dijo...

Con Franco estábamos más muertos.
Y digo yo, ¿quién les ha dado vela en este entierro?

En fin, Alicia, que tienes toda la puta razón. Y perdona que me ponga camionera, pero a veces sobran los eufemismos.

Por cierto, ¿cuál es la historia esa de la niña sin enfermedad de Duchesne? que estoy muy desconectada del mundo.

¡Y felices vacaciones!

Alicia Liddell dijo...

Todos los interesados en lo de los obispos -que ya no logran sorprenderme, qué tristeza- lo tienen en una de las dos entradas que he subido hoy, 2 de agosto.

Para que luego me echen en cara de que estoy vaga.